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Conclusiones
Provisionales del II Congreso Ibérico sobre Planificación
y Gestión de Aguas.
Oporto, 9 - 12 Noviembre
del 2000
El II Congreso Ibérico
sobre Planificación y Gestión de Aguas, celebrado en Oporto
entre los días 9 y 12 de Noviembre del 2000 ha centrado sus debates
sobre la Directiva Marco de Aguas recientemente aprobada en la Unión
Europea. Se han presentado 24 ponencias centrales y 130 comunicaciones
libres, algunas presentadas oralmente y otras en pósters.
Se valora la actual coyuntura
del debate que se inició en el I Congreso de Zaragoza en pro de
la Nueva Cultura del Agua, como especialmente interesante. La reforma de
la Ley de Aguas en España, liberalizando opciones de mercado de
derechos concesionales, la firma del Convenio Luso-Español, la elaboración
y aprobación de Planes de Cuenca en Portugal y la reciente presentación
del proyecto de Plan Hidrológico Nacional en España, constituyen
el
apretado conjunto de acontecimientos
que se agolpan durante estos dos últimos años y que
contextualizan el debate
sobre la citada nueva Directiva Europea. Hoy puede afirmarse que los planteamientos
y conclusiones del I Congreso, no sólo se demuestran acertados y
válidos para guiar las soluciones que los nuevos tiempos y el reto
de impulsar un nuevo modelo de Desarrollo Sostenible exigen, sino que representan
un polo de referencia esencial en el creciente debate cientifico-técnico
y social que hoy existe tanto en España como en Portugal.
Estructuraremos estas conclusiones
en los siguientes puntos:
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La aprobación de la Directiva
Marco ha supuesto la ratificación de los principios y criterios
de gestión presentados como las claves de la Nueva Cultura del Agua
en el I Congreso. En definitiva queda sancionada en el ámbito de
la legislación europea la necesidad de girar desde las tradicionales
políticas “de oferta”, en base a las grandes obras hidráulicas
subvencionadas, hacia un nuevo enfoque no estructuralista, basado en estrategias
de gestión de la demanda y de conservación de la calidad
ecosistémica de ríos, acuíferos y humedales. La Directiva
establece inequívocamente la necesidad de desarrollar la gestión
desde el ámbito de cada cuenca hidrográfica, lo que exige,
en el caso de las cuencas compartidas internacionalmente, la superación
de las fronteras para promover la elaboración de planes de cuenca
coherentes.
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La Directiva establece el objetivo
de recuperar el “Estado Ecológico” de ríos y humedales, lo
que significa garantizar, desde criterios no sólo fisico-químicos,
sino biológicos, la salud de los ecosistemas hídricos y de
sus entornos. La Directiva exige la integración de deltas, estuarios
y litorales en la gestión de cuencas, dando máxima relevancia
a los impactos que se pueden generar sobre los ricos ecosistemas de estas
zonas, que generalmente albergan las más altas cotas de riqueza
biológica, con sus correspondientes costes socioeconómicos
directos e indirectos. Se urge a las administraciones portuguesa e española
a establecer un programa urgente de investigación sobre la medida
del estado ecológico de ríos, lagos, humedales, estuarios,
deltas y zonas costeras de forma coordinada entre ambos países.
Urge igualmente el establecimiento de protocolos de muestreo homologados
para ambos países, así como el establecimiento de una red
de estaciones de referencia de ecosistemas en buen estado ecológico.
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El Convenio Luso-Español,
aún siendo positivo, en la medida que supone una voluntad de acuerdo
y respeto entre ambos Gobiernos, resulta claramente insuficiente desde
la nueva perspectiva que aporta la Directiva. El objetivo de elaborar
Planes Hidrológicos en cada cuenca compartida exige revisar los
planes existentes en uno y otro país diseñados desde criterios
parciales, para abrir un proceso coherente en el ámbito de toda
la cuenca con amplia participación de las poblaciones de la cuenca
de uno y otro país. En concreto, es preciso superar el enfoque de
caudales medios del actual Convenio para establecer condiciones adecuadas
de caudales diarios, semanales, mensuales y anuales, al tiempo que referir
las condiciones de garantía en años secos, medios y húmedos.
Es necesario considerar el análisis de valores de ordenación
territoriales, ambientales, sociales y económicos en la perspectiva
de garantizar la seguridad ambiental.
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El proyecto de Plan Hidrológico
Nacional Español (PHN) con sus más de cien nuevos embalses
y la previsión de grandes trasvases, entra en contradicción
general con el enfoque que exige la Directiva Marco, en la medida que promueve
una estrategia de oferta subvencionada en lugar de promover estrategias
de gestión de la demanda y de conservación de la calidad
de las aguas y de la salud de los ecosistemas hídricos.
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Los trasvases del Ebro previstos
en el proyecto de PHN están motivando la construcción de
nuevos grandes embalses en el Pirineo que, pretextados para nuevos grandes
regadíos que el propio plan reconoce como inviables, servirían
como base de la regulación plurianual que estos grandes trasvases
exigen. Los impactos sobre los últimos ríos que mantienen
su estado ecológico natural y sobre las poblaciones que serían
desplazadas, entra en contradicción con la Directiva Marco.
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Estos trasvases supondrían
graves impactos sobre el Delta del Ebro, en proceso actualmente de grave
degradación por falta de aflujos sedimentarios, recesión
de caudales y contaminación. Hoy los procesos de subsidencia, salinización
y eutrofización no sólo ponen en peligro los ricos ecosistemas
deltaicos (el segundo territorio en biodiversidad tras Doñana) sino
la propia existencia del Delta. En este sentido, y desde la coherencia
de la Directiva Marco, resulta temerario valorar que existan caudales excedentarios
en el Ebro susceptibles de ser trasvasados.
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La caracterización del
llamado “déficit estructural” en algunas cuencas y zonas que se
hace en proyecto de PHN, exigiría como cuestión previa la
implantación efectiva de la ley, acabando con la generalizada extensión
de nuevos regadíos y pozos ilegales que están produciendo
graves procesos de sobreexplotación y degradación de ríos
y acuíferos. Por otro lado resulta esencial abordar la elaboración
y aplicación de planes de ordenación territorial y urbanísticos
sostenibles que acoten el crecimiento de los negocios urbano-turísticos
y agrarios, que suscitan una espiral insostenible de demandas.
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La precipitación del
Gobierno Español reduciendo plazos para aprobar el PHN y la falta
efectiva de medios para articular un verdadero debate cientifico-técnico
y ciudadano, suponen una grave contradicción respecto al espíritu
y la letra de la Directiva. La posibilidad de que esta premura sea parte
de una política de hechos consumados resulta alarmante por cuanto
podría hipotecar los objetivos de la Directiva.
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La aplicación de la Directiva
exige incluir medidas de control que garanticen que el tiempo de transición
sea de aproximación a los objetivos de la Directiva desde sus enfoques
y criterios de gestión, y no un tiempo en el que puedan ignorarse
esos criterios poniendo en peligro los citados objetivos.
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Por otro lado, es urgente asegurar
la integración coherente de las políticas ambientales, agrarias
y de aplicación de fondos comunitarios respecto a la Directiva Marco.
Especial atención merecen los fondos de cohesión que en forma
alguna deberían servir para financiar desde los planes hidrológicos
actuales proyectos que entren en contradicción con la Directiva
Marco u otras directivas medioambientales (directiva Hábitats y
Directiva Aves). La implantación de la Directiva Marco exige un
cambio en profundidad del precepto jurídico del “Interés
General”, adecuando el mismo a los nuevos objetivos derivados del paradigma
del Desarrollo Sostenible.
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Todos estos cambios exigen reformas
institucionales en profundidad que permitan gestionar las cuencas internacionales,
y que permitan integrar el nuevo enfoque pluridisciplinar que plantea la
Directiva superando la falta de medios materiales, humanos y de especialización
en los campos que demandan los nuevos modelos de gestión.
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En lo que se refiere a los mercados
de aguas en el Congreso se han defendido enfoques contradictorios. Desde
la premisa de consenso que deben concretarse normativamente las restricciones
que el Desarrollo Sostenible y los objetivos ambientales previstos en la
Directiva impongan a los usos de ríos y acuíferos, se han
presentado trabajos en los que se defiende la acción libre del mercado
como forma de gestión a desarrollar, mientras por otro lado se han
presentado otros enfoques que enfatizan la insensibilidad del mercado a
trascendentales valores sociales, ambientales y de ordenación territorial
que están en juego.
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Se considera que el criterio
de la recuperación integra de costes y la integración de
valores de oportunidad en circunstancias de escasez planteados por la Directiva,
quedan enunciados de forma excesivamente ambigua y dependiente de la voluntad
de los respectivos gobiernos, lo que puede a la postre desactivar su aplicación
efectiva. Seria preciso al respecto concretar metodologías rigurosas
de evaluación y asignación de costes, estimación de
valores de oportunidad y estrategias tarifarias o de precios que permitan
incorporar progresivamente estos criterios de racionalidad económica
con la adecuada sensibilidad social.
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En cualquier caso se generó
amplio consenso a la hora de valorar críticamente la liberalización
de mercados en el ámbito descontrolado de derechos concesionales
y de propiedad que rige actualmente en España, lo que, sin duda
generará sesgos especulativos que, lejos de hacer converger las
demandas a valores de equilibrio, dispararán más las espirales
insostenibles actuales.
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Respecto a los objetivos de
control de la contaminación, la Directiva vuelve a ser ambigua en
cuanto a la obligatoriedad de aplicar con rigor el principio de que “quien
contamina paga”.
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En cuanto a aguas urbanas, se
insiste en la necesidad de distinguir el uso de boca como alimento respecto
al resto de usos domésticos, comerciales o industriales. El agua
como alimento debe de llevar a proveer aguas de absoluta garantía
para la salud, superando las incertidumbres y riesgos que hoy inevitablemente
comportan las redes urbanas, motivando la necesidad de valorar como patrimonios
públicos de alto valor las aguas fósiles y los acuíferos
con altas garantías de calidad.
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La educación ciudadana
por una Nueva Cultura del Agua basada en el ahorro, la eficiencia y el
respecto a nuestros ríos y patrimonios de naturaleza, es y será
una de las prioridades en las que se debe perseverar en todos los ámbitos
sociales.
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La Directiva formula insistentemente
la necesidad de desarrollar la participación ciudadana en materia
de gestión de aguas superando el concepto tradicional estrecho de
usuario (regantes, hidroeléctricos...). Al respecto se constata
la falta de una verdadera participación ciudadana en al gestión
de aguas, tanto en España como en Portugal. Hoy es preciso desarrollar
estrategias de comunicación y participación que integren
a los diversos colectivos sociales que de forma creciente y con discursos
cada vez más consistentes reclaman su incorporación a la
toma de decisiones en la gestión de aguas.
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