EMBALSAR, INUNDAR Y TRASVASAR
Jesús Alba Svitil, portavoz de ECOLOGISTAS EN ACCIÓN-Aragón


SIETE DE ARAGÓN n.º 281: 10-11, del 26 de junio al 2 de julio de 2000

 

 En la cuenca del Ebro se desperdician cada año 3.000 Hm3. Esta situación tiene que acabar y la solución son los trasvases. Esa es la idea que flota en el ambiente tras la publicación del Libro Blanco del Agua (también conocido como el Libro Murciano del Agua, redactado bajo las ordenes de Benigno Blanco, nacido en la citada región y máximo responsable de obras hidráulicas bajo el mandato de  Isabel Tocino) A este documento se añade la aprobación del Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro (PHCE), la finalización de los restantes planes de cuenca, la reforma de la Ley de Aguas y la visita de Jaume Matas, nuevo ministro de Medio Ambiente, a Aragón para empezar las negociaciones para la aprobación del Plan Hidrológico Nacional (PHN). Sólo hay que hojear diariamente los periódicos de cada comunidad autónoma para darse cuenta de la importancia que tiene el agua en la vida cotidiana de los españoles. En Aragón, la importancia que se le da es mayor. Conflictos como el de Estercuel-Cañizares, Matarraña, Santaliestra o Yesa dan una  idea de la fuerza de esta afirmación. Por eso, ha sido necesario redactar un ambicioso estudio (el PHCE) y recoger las pretensiones de regantes y políticos, modificar una ley de aguas para introducir mecanismos de compra-venta y abrir la manga mediante la redacción de artículos vagos y dispersos para justificar los trasvases y mucha demagogia, palabrerío y clichés.

 En realidad, y para comenzar por los recursos existentes en la cuenca del Ebro, no sobra nada de agua como no sobra en ningún río ibérico por la irregularidad de sus aportes anuales (sequías o sin llegar a tanto, estiajes acusados). A pesar de que el Libro Blanco del Agua (documento de síntesis) se despacha con la tópica y acusada irregularidad espacial y temporal del recurso, como encabezamiento sobre un malentendido, según ellos, funcionamiento de los recursos hídricos, lo cierto es que en la cuenca del Ebro, no sobra nada. Así lo afirma el Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro (PHCE):

 "El volumen medio vertido por el Ebro al mar es de 9.281,4 hm3/año.... Esta cifra debe considerarse como volumen neto vertido al mar, por cuanto no se incluyen en ella el caudal de compensación del Delta (3.153,60 hm3/año) ni los retornos que llegan directamente al mar sin pasar por el cauce del Ebro. Sin embargo conviene analizar detalladamente la distribución de los volúmenes mensuales vertidos en los 46 años simulados (552 meses). ... se observa que hay 155 meses donde los vertidos son nulos, destacando 39 meses de julio, 44 meses de agosto y 36 meses de septiembre. Por el contrario, en los meses desde enero a mayo los vertidos superan con frecuencia los 1.000 hm3/mes." ANEXO VIII. Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro. Confederación Hidrográfica del Ebro, 1996.

 Este balance se hace sin incluir las obras de regulación que políticos y regantes aragoneses exigen como paso previo (es decir, el cumplimiento del manido y obsoleto Pacto del Agua antes que trasvasar) y que en el citado PHCE aparecen como primer y segundo horizonte.
 

CEDENTES EXPECTANTES

 Con las obras de regulación existentes y el uso que se le está dando al Ebro, hay cada vez más posibilidades de que sucesos como el de la muerte de los peces de los ríos Gállego y Cinca, a principios de junio, sean el pan nuestro de cada día. En estos momentos, más del 80% del agua se emplea en regadíos y se devuelve saturada de nitratos, pesticidas y metales pesados. Convertida el agua en vertidos,  éstos se unen a los producidos por las industrias, algunos con nocturnidad y alevosía y los urbanos, con un incremento del despilfarro en el consumo de agua exponencial. A este panorama actual,  se añade las exigencias futuras: embalsar para regar. Esa lista de embalses a construir en zonas de montaña a costa desterrar a miles de familias altoaragonesas e inundar hermosos parajes para consolidar y crear nuevos regadíos. Pero, ¿qué regadíos?. Desde luego,  la cantidad no se acerca ni de lejos a las miles de hectáreas reclamadas por los regantes-expectantes de Bardenas o Monegros. En el borrador del Plan Nacional de Regadíos elaborado en octubre de 1998 bajo las directrices de la Política Agraria Común (PAC) se autorizan para todo Aragón 67.935 hectáreas incluidas 22.218 en ejecución. A todas estas hectáreas hay que descontar las que quedarán sin transformar por ser incompatibles con la protección del medio ambiente, como sucede en Monegros. Ante estas expectativas, nadie se puede llamar a engaño porque esto hace tiempo que se sabía. Entonces ¿porqué se sigue exigiendo la conversión de secanos en regadíos y la construcción de los embalses?. Porque la concentración de un recurso como es el agua en manos de estos regantes-expectantes, con una legislación neoliberal basada en la compra-venta de derechos es susceptible de generar mayores ingresos (incrementados por la instalación de más centrales hidroeléctricas y el trasvase) que las percibidas por los rendimientos de los cultivos tradicionales. A esto se añadiría la potenciación del mercado del suelo (especulación pura y dura) al revalorizarse tierras de secano convertidas en regadío y la obra pública, que sanea economías de las principales eléctricas y constructoras del país. Todas estas obras se harían con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y que se crean con la contribución de todos los ciudadanos, contando eso sí, con lo que aportan últimamente las comunidades de regantes, que contra lo que pudiera pensarse, sólo sirve para lavarse la cara. Así las cosas, no es extraño que estos días los regantes toquen a arrebato porque la Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases (COAGRET) se haya incorporado como demandante a la queja que la Sociedad Española de Ornitología (SEO) presentó ante la Unión Europea por incumplimiento de la Directiva Aves, 79/409/CEE, en relación con la protección de Monegros.
 

RECEPTORES TRASVASISTAS

 El único Plan Hidrológico cuyo territorio es estructuralmente deficitario, sea cual sea la óptica de análisis, es el correspondiente a la cuenca del Segura. Esta situación sólo puede ser superada incrementando las aportaciones externas que actualmente recibe. Así de tajante se muestra el documento de síntesis del Libro Blanco del Agua en un texto bajo el epígrafe LOS POSIBLES TRASVASES A APROBAR POR EL PHN.
 Así pues, se podría llegar a la conclusión de que la única solución posible es solidarizarse con el sureste español y ceder al trasvase si no fuera por unos inquietantes detalles: la penúltima obra para solucionar ese problema de sequía estructural ha sido el Trasvase Tajo-Segura, que entró en funcionamiento en 1979. Problema que no habían resuelto anteriormente los embalses de Camarillas y Cenajos (1960) y el embalse de la Fuensanta (1932). De hecho, hasta los años 50, existen periodos temporales de déficit producto exclusivamente de la variabilidad climática y los periodos de sequía. Sin embargo a partir de la década de los 50 el déficit de aguas superficiales se instala de forma permanente al margen de toda variabilidad climática. (MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, Julia, 1998) El motivo ha sido la expectativa que la disponibilidad de agua a generado en la citada cuenca del Segura, traducida en incremento de cultivos para regadío. Es decir, que la solución a una situación se ha convertido en problema y sólo queda una huida hacia adelante, toda vez que el Plan Hidrológico de la Cuenca del Segura ha recogido todos los regadíos existentes, los legales y alegales (Julia MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, 1998). Finalmente está el objeto de este nuevo trasvase del Ebro: los regadíos. El Plan Nacional de Regadíos (borrador de 1998) no se recoge ninguna hectárea de nuevos regadíos para la Comunidad Valenciana y para la Región de Murcia.
 

IMPACTO AMBIENTAL, SOCIAL Y ECONÓMICO

 Desde ECOLOGISTAS EN ACCIÓN pensamos que entre las exigencias de Aragón, Murcia o Valencia, quien verdaderamente pierde es el medio ambiente. Es la política del hormigón para embalsar y trasvasar, la especulación con los suelos que se les añade riego casi gratuito, la compraventa de agua trasvasada como un nuevo negocio y la contaminación derivada de un sistema agrario basado en el abuso de pesticidas y abonos. Aquí en Aragón ya tenemos experiencia en las consecuencias que los trasvases tienen sobre la flora y fauna, sobre la calidad del recurso y sobre la población humana afectada. Sabemos que en el Matarraña (un trasvase por bombeo), ha disminuido una de las poblaciones más importantes de nutria en España (Jordi RUÍZ-OLMO, 2000) extinguiéndose en algunos de sus tramos. La invasión de cangrejo americano por el empobrecimiento de la calidad del agua en el mismo río, a costa de la desaparición del cangrejo autóctono. Hemos sido testigos de la fractura social que ha supuesto el citado bombeo del Matarraña o el eterno conflicto entre los habitantes del Tajo y los del Segura o la angustia de las poblaciones ha desplazar por que van a inundar sus pueblos, como es el caso de Yesa e Itoiz, que son las piezas de regulación para el futuro trasvase. Todo ello, en aras de un progreso económico y de un interés general de la nación que cada vez a más ciudadanos se nos hace muy difícil entender. Por todo ello, a la vista de los datos aportados y los que vayamos sacando a la luz pública, ECOLOGISTAS EN ACCIÓN siempre estará en contra de los trasvases y de los embalses por entender que son negativos para la vida sobre el planeta y estaremos a favor de una agricultura acorde y respetuosa con el entorno, a favor de una cultura del cuidado por el agua como un bien precioso a proteger.