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Rafael León
Rodríguez
De nuevo el agua, asunto ciertamente transcendental y siempre más o menos de actualidad, acapara muchos y los más destacados espacios en los medios de comunicación. La presentación por el Ministro de Medio Ambiente del Plan Hidrológico Nacional ha dado de nuevo rienda suelta a las fuertes polémicas que se desatan siempre que se trata el tema de las políticas hidráulicas. No obstante son unas polémicas que, al igual que el nuevo Plan Hidrológico, por no decir nada novedoso, resultan ya cansinas. El Plan apuesta por más de lo mismo: trasvases y un incremento injustificado de la oferta, sobre la base de unas estimaciones sobredimensionadas de las necesidades existentes, y muy poco en cuanto a la eficiencia, el ahorro y la gestión de la demanda. O, lo que es lo mismo, el intento de imposición de una política hidráulica trasnochada y caduca al servicio de contados y muy poderosos intereses particulares, frente a una siempre incomprendida y criticada "nueva cultura del agua" cuya consolidación iría en beneficio del conjunto de la sociedad. No obstante, a pesar de lo pasado de moda que está este rancio Plan con portada nueva, nunca dejarán de sorprenderme los argumentos aberrantes, y muchas veces malintencionados por su intención de confundir, usados por políticos y articulistas de prestigio para justificar lo que, desde mi punto de vista es injustificable. Son las falacias en política hidráulica, que son muchas y de diverso rango. No obstante, con el objeto de no alargar innecesariamente estas reflexiones, me referiré únicamente a las que en estos días más me han llamado la atención. Primera falacia: el Plan se justifica en función de la SOLIDARIDAD que debe haber entre las diferentes tierras de España. Aquellas Comunidades Autónomas que cuentan con recursos hídricos de sobra deben mostrarse generosas y solidarias con aquellas otras que son deficitarias. Es un concepto de solidaridad que, con sólo profundizar un poco en su análisis, resulta, cuando menos, curioso. Una falsa solidaridad que pretende que las zonas más empobrecidas de nuestra geografía, en lugar de utilizarlos para su desarrollo, cedan los pocos recursos que les han dejado las nefastas políticas económicas y territoriales de las últimas décadas, a las áreas donde se ha creado más riqueza por los diferentes procesos de acumulación económica. Segunda falacia: para la necesaria VERTEBRACIÓN de España es imprescindible este trasvase "solidario" de agua. No obstante, hace ya tiempo que se viene practicando este nefasto trasvase de recursos, hídricos y de otra índole desde las áreas convertidas en meros "reservorios" a las áreas de aglomeración y no por ello se ha avanzado hacia la vertebración de nuestro territorio. Todo lo contrario: cada vez una "dualización" más atroz y un contraste y unas diferencias abismales entre las dos Españas (no las de Machado) que en los aspectos socioeconómico y territorial se han ido configurando. La columna vertebral debe representar el papel de consolidar un organismo equilibrado, con unas piernas ágiles, unos pulmones fuertes, un corazón sano, unos brazos potentes y, sobre todo, la cabeza "en su sitio". Pero en España hace tiempo que la cabeza no está "en su sitio", y la política de trasvases (de todo tipo, no sólo de agua), nos ha conducido a unas áreas de montaña y rurales del interior cada vez más despobladas y donde el desierto, la erosión y los incendios forestales avanzan por la falta de la mano del hombre. En el polo contrario de esta realidad "dual" las zonas de aglomeración cada vez están más saturadas y congestionadas, resultando ya en muchos casos insostenibles los diferentes problemas medioambientales (contaminación atmosférica, escasez de espacios verdes, ruido, etc.) y sociales (aumento de la marginación y la delincuencia, problemas sanitarios, etc.) que las aquejan. Así la esclerotizada columna vertebral de España sostiene un corazón hipertrofiado y con grave riesgo de infarto y por debajo tiene los pies de barro. El nuevo Plan puede acabar haciendo realidad ese riesgo y desmoronando definitivamente esa base tan débil. Tercera falacia: el AGUA QUE SE PIERDE en el mar por falta de regulación. Esta falacia ya es de las que claman al cielo y responde a un concepto de los recursos hídricos decimonónico, cuando prácticamente no se tenían conocimientos de hidrología e hidrogeología y no se prestaba ninguna atención a lo que significa el Ciclo Hidrológico. Ahora resulta que la Naturaleza lo ha hecho mal y el Ciclo Hidrológico es algo cargado de imperfecciones y que pone en peligro casi la propia supervivencia del hombre. No es que no haya que regular en la medida de lo admisible los ríos, pero siempre sin superar los límites razonables. El agua que llega al mar contribuye, con su arrastre de sedimentos, a la formación de playas (el turismo señores, el turismo); genera, en su mezcla con el agua salada del mar y por los nutrientes que aporta, ambientes idóneos, especialmente en marismas, para la proliferación de la vida marina y, por tanto, para el incremento de los recursos pesqueros; contribuye a la recarga de acuíferos litorales, muchos de ellos con graves riesgos de salinización o eutrofización por su sobreexplotación y la disminución de los aportes que los nutren. Cuarta falacia: La UNIDAD de España. Esta última falacia a la que me voy a referir resume un poco las anteriores. Se pretende que el Plan Hidrológico y sus trasvases pueden contribuir a la unidad del "territorio patrio". Difícil de entender esta consolidación de la unidad sobre la base de una insolidaridad mal disfrazada de solidaridad, autentico agravio comparativo que puede ser el germen de "guerras del agua" entre diferentes Comunidades. Difícil de entender sobre un territorio y una sociedad invertebrada y cada vez más dualizada. Difícil de entender cuando un celo excesivo en evitar que el agua se "desperdicie" en el mar para beneficiar a ciertos sectores económicos (o mejor a los grupos de presión que manejan estos sectores) puede acabar perjudicando a otros como el turístico o el pesquero. En fin, habrá
que, siguiendo la terminología acuñada por el catedrático
Manuel Ramón Llamas, definir al nuevo proyecto hidráulico
del Gobierno Central, como Plan Hidro(i)lógico: un plan de hormigón
al servicio de grandes empresas constructoras y determinados grupos de
presión que, en ningún caso, va a solucionar la problemática
del agua en España, ni va a contribuir a su vertebración,
ni a fomentar la solidaridad y la "unidad patria".
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