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Campus de Marte El milagro social de los ‘sin papeles’
De todo lo sucedido tras ‘la matanza de Lorca’, solamente los encierros protagonizados en diferentes lugares de la región murciana por los inmigrantes ‘sin papeles’ merecen el paraguas de esa gran palabra que es la dignidad. Independientemente de que continuen o no los ‘encierros’ en el momento en que estas líneas salgan a la luz, el desafío planteado por los ‘sin papeles’ al orden productivo que los sobreexplota y al orden político-jurídico (Ley de Extranjería) que los expulsa de la ciudadanía, ha estado a la altura de la respuesta que merece la repulsiva línea de continuidad que cabe establecer entre la ‘caza del moro’ en El Ejido y la locomotora descontrolada de la agricultura intensiva murciana que arrolló una furgoneta sobrecargada de inmigrantes ecuatorianos provocando la muerte de doce de esos trabajadores. Igualmente presento mi admiración hacia las pocas organizaciones sociales que han roto con el ‘silencio de los saurios’ de la sociedad murciana (mayormente apática y cansina), que con su militancia han posibilitado un colchón social de comunicación y apoyo a los ‘sin papeles’ encerrados. Ese trabajo activista del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza (STERM), de la Asociación para los Derechos Humanos (APDH), y otras organizaciones, contrasta con el anómalo comportamiento de responsables políticos y sindicales que ha discurrido entre el vergonzoso silencio y la aún más hiriente acusación de ‘manipulación’ hacia aquellos que todo se lo están jugando encerrados en demanda del reconocimiento de sus derechos laborales y de ciudadanía. Pues un ‘sin papeles’ es alguien condenado por la Ley de Extranjería a la no-vida, al no-hablar, alguien a quien se le ha aniquilado sus defensas y posibilidades de resistencia, y si esta condena ha podido romperse, es gracias al orgullo que han mostrado los trabajadores ecuatorianos, que reconociéndose en el infierno que sufrieron sus compatriotas fallecidos en la furgoneta de Lorca, han podido estimular y organizar el movimiento de los encierros. Dinámica que empezando en esta región, ha animado los encierros de Barcelona, Madrid, Valencia... Y ello en sí mismo constituye un auténtico ‘milagro social’, en el sentido con el que Pierre Bourdieu calificó las movilizaciones de los parados franceses en 1998: ‘la primera conquista de ese movimiento es el propio movimiento, su propia existencia’. Milagro acrecentado si tenemos en cuenta que los empresarios agrícolas murcianos utilizaron la mano de obra de procedencia ecuatoriana, para ahondar la precariedad del mercado de trabajo, fortalecer la disciplina laboral y exacerbar la competencia con los trabajadores magrebíes. A través de los ‘encierros’, los ‘sin papeles’ conquistan el espacio de lo público, rompen con la fatalidad de la invisibilidad, y sobre todo marcan un antes y un después en la intolerable situación de sobreexplotación del trabajo en el campo murciano. Los necesarios ‘frenos de emergencia’ que se requieren para parar la locomotora descontrolada de la agricultura murciana, han comenzado a configurarse en el movimiento de los ‘sin papeles’. Ahora los ‘sin papeles’ se han hecho acompañar del fantasma de Tom Joad, aquel personaje de la célebre novela ‘Las uvas de la ira’ de John Steinbeck, que vaga por el Mundo, desde que dijo: ‘... madre, yo estaré vagando en la oscuridad. Estaré en todas partes..., dondequiera que mires. Dondequiera que se luche para que los hambrientos puedan comer, allí estaré. ... estaré allí donde los hombres griten como locos..., y estaré con los niños que tienen hambre y ríen porque saben que la cena está lista. Y cuando los nuestros coman lo que han cultivado y vivan en las casas que han construido, pues..., yo estaré allí. Estaré allí. ¿Comprendes?’. Aquellos que fueron modelados para ser dóciles, aquellos a los que una infame Ley de Extranjería los condena a caminar por la pesadilla de la ‘nueva esclavitud’, ahora están con Tom Joad: ‘Escucha Ma. Todo el día y toda la noche los paso escondido, solo. ¿Adivinas en quién he estado pensando? ¡En Casy! Hablaba mucho. A veces me molestaba. Pero ahora he estado pensando en lo que él decía, y puedo recordarlo... todo. Dijo que una vez había salido al desierto a encontrar su propio alma, y que había descubierto que sólo tenía un pedacito de un alma inmensa. Dijo que un desierto no sirve de nada, porque su pedacito de alma no valía nada a no ser que estuviese junto con el resto, en un todo. Es curioso que pueda recordar todo eso. Me parecía que ni siquiera lo estaba escuchando. Pero ahora sé que un hombre solo no vale nada’. En la palabra conquistada por el trabajador inmigrante, hay mucho que aprender sobre el tipo de sociedad que estamos forjando en esta región. Los inmigrantes son auténticos antropólogos al revés, nos miran y observan, nos analizan y nos cuentan, nos advierten del tipo de sociedad que estamos construyendo, nos aportan claves sobre las lógicas de exclusión social que recorren la tierra murciana. Escucharlos es aprender lo que somos. No seré yo quien defienda las leyes de extranjería ni el cierre de fronteras para los que huyen del infierno en el que se han convertido numerosas regiones del Sur. La presencia del inmigrante en nuestra Sociedad del Bienestar es el único referente de realidad que nos queda, su presencia actualiza lo que no se quiere ver: la tremenda injusticia sobre la que se asienta el nuevo orden mundial. Por tanto, que vengan. Tal vez en los inmigrantes resida la única posibilidad de replantear un proyecto europeo, que como dice Vidal Beneyto, ha de sostenerse sobre la lógica de la ciudadanía en lugar de sobre la filosofía del dinero. Andrés Pedreño
Profesor Titular de Sociología
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