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Francisco J. Ayala-Carcedo
¿Cómo influye el Cambio Climático en los recursos hídricos? En España, de media, solo una de cada tres gotas de lluvia llegan a circular por nuestros ríos; las otras dos se evaporan, bien del suelo o las hojas, bien , ya desde el suelo,a través de la transpiración biológica de las plantas. El Cambio Climático, supondrá para mediados del siglo que va a comenzar un aumento de temperatura media anual de 2-2,5 ºC, y disminuciones variables de la precipitación según las regiones (17% en la Cuenca del Sur; 2% en las Cuencas del Norte). Ambos aspectos, reducción de precipitación y aumento de temperatura, conducen a una disminución de los recursos hídricos . Esta reducción, según mis propias investigaciones publicadas en 1996, tomando como base la previsión del Instituto Nacional de Meteorología(INM) de 1995, supone un valor medio del 17%. Estimaciones del Libro Blanco del Agua(LBA) de 1998, sitúan esa reducción para una hipótesis del orden de la mitad de la mía, en un 14 %, el 28% por tanto, aproximadamente, para las hipótesis del INM. Las disminuciones en mi hipótesis, más optimista que la del LBA, serían netamente mayores para toda la mitad Sur de España (34% en el Guadalquivir)y el Litoral Mediterráneo(22% en el Júcar), excepto Cuenca del Tajo. Esta aproximación, es razonablemente sostenible a nivel científico, debiéndose la mitad tan solo al aumento de temperatura, altamente probable. Por otra parte, como saben muy bien los regantes, el consumo por hectárea(ha) aumenta cuando aumenta la temperatura( ya que son mayores la transpiración biológica y la evaporación) y disminuyen las precipitaciones. Por tanto, los regadíos actuales van a enfrentarse también a mayores consumos por ha. Un panorama preocupante si se combinan reducción de recursos y aumento de consumos, y prácticamente inevitable. Consecuencias para el Plan Hidrológico Nacional y los Planes de Cuenca Este horizonte previsible implica, tal y como un reciente proyecto de la Comisión Europea sobre Impactos del Cambio Climático, el ACACIA, de 2000, dice, que "ya no es posible suponer que la base de los recursos hídricos en el futuro será similar a la que es hoy". Dado que las grandes obras públicas que se están barajando, trasvases y presas, se proyectan para vidas útiles de unos cien años, las reducciones de recursos antes señaladas, corresponden justamente al punto medio de la vida del proyecto, es decir, al escenario de proyecto. . El LBA, dice que la aplicación de estos resultados "queda fuera de los horizontes de la planificación hidrológica" . Si aplicáramos un criterio similar, que muestra una concepción administrativa de la planificación, al diseño hidrológico de las presas de tierra contempladas en los Planes de Cuenca, estas se caerían; si en la planificación energética se hubiera aplicado un razonamiento similar las empresas eléctricas se hubieran ahorrado billones de pesetas. La única actitud coherente con una visión de los recursos hídricos desde el Desarrollo Sostenible, pasa necesariamente por incorporar cuanto antes el Principio de Precaución en la planificación hidrológica, la nacional y la de cuenca. Debe tenerse presente que la Comisión Europea, en febrero de 2000, ha sentado justamente las bases para la aplicación de dicho Principio de Precaución, que en lo relativo al Medio Ambiente, está incluído en el Tratado de la Unión. La primera consecuencia que se deduce, de forma meridianamente clara, es que los trasvases contemplados son físicamente inviables en España, ya que casi todas las cuencas hoy potencialmente cedentes (Ebro , Duero , Tajo y Guadiana)van a dejar de serlo con rapidez en las próximas décadas, al enfrentarse tanto a una caída de sus recursos como a un aumento de los consumos de sus propios regadíos; solo las cuencas del Norte de España soportarían los trasvases con un horizonte a muy largo plazo. Una planificación que no considere este hecho, abrirá la puerta, no a la solidaridad interregional sino a la discordia y a daños irreversibles para los inversores en regadío y el dinero de los contribuyentes, con gran probabilidad derrochado en obras faraónicas sobredimensionadas. Este riesgo de sobredimensionamiento, afecta también al diseño hidrológico de las presas contempladas en los Planes de Cuenca. La segunda conclusión es que nos vamos a enfrentar a un horizonte de escasez progresiva que difícilmente puede soportar un aumento de la actual superficie de regadíos como la prevista en los Planes de Cuenca.. La tercera, es que el actual nivel de regulación, el 40 % de los recursos (32% a través de obras ), que ya ha degradado profundamentente nuestros ecosistemas fluviales en régimen y calidad, pasará a representar porcentajes crecientes e insostenibles de degradación ecológica de nuestros ríos y costas. ¿Qué hacer? Los estudios, ponen de relieve que los países del Sur de Europa van a ser con toda claridad los más perjudicados, especialmente España. Puesto que la propia Comisión Europea ha incorporado el Principìo de Precaución, quizá pudiera plantearse la creación de un Fondo Europeo para la Adaptación al Cambio Climático. Los datos expuestos, en mi opinión, ponen de relieve que una Política del Agua Sostenible tendría que pasar por la reducción del consumo a través de la Modernización de los Regadíos y la aproximación, en línea con lo previsto en la Directiva Europea del Agua de inminente aprobación, a precios más reales del agua de embalse, aproximación acompañada de una modulación con criterios sociales que amortigüe su impacto para las explotaciones pequeñas o con mayor empleo por ha, así como a la implicación de los usuarios en la financiación de las obras hidraúlicas públicas, con severos riesgos financieros y que benefician a segmentos hoy minoritarios de la población. También , por la priorización de las aguas subterráneas, con riesgos de inversión mucho menores, la garantía del consumo humano y la priorización de los usos que generen mayor valor añadido por metro cúbico. Las estrategias agronómicas de adaptación como cambio a cultivos de menor consumo, deberían ser también relevantes. Hasta hoy, la Política
del Agua se ha reducido entre nosotros a poco más que una política
de obras hidraúlicas a costa de los impuestos, caracterizada a menudo
por enormes reformados de los presupuestos iniciales. La España
de 2000 es, afortunadamente, bien distinta de la de Costa, cuyo discurso
ya cumplió su papel. Creo que el Cambio Climático sugiere
que la Gestión del Agua, económica , ambiental y con perspectiva
pluridisciplinar, debería ser en adelante la clave. Que deberíamos
aprovechar el Plan Hidrológico Nacional y los Planes de Cuenca para
pasar
de una Política de Oferta de Agua a otra de Gestión de la
Demanda. En este sentido, la presión del Cambio Climático,
previsible e inevitable , debería ser vista no solo como un reto,
sino también como una oportunidad de racionalización
y modernización.
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