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Los socialistas apostamos
por la planificación hidrológica: lo demostramos desde el
Gobierno de la nación
Los socialistas nos comprometemos
en el diseño de una nueva política del agua, solidaria
y orientada a la gestión de la demanda , en los términos
recogidos en nuestro último programa electoral, en la que la planificación
hidrológica nacional sea una herramienta fundamental que garantice,
entre otras cosas, el control público de esta política.
Nuestra apuesta por la planificación
hidrológica nacional la demostramos cuando se aprobó, bajo
mandato socialista y con el voto en contra de Alianza Popular, la Ley
de Aguas de 1985 -referencia cierta de la actual legislación
europea-; la demostramos desarrollando las directrices de los planes
hidrológicos de cuenca y, sobre todo, presentando un Anteproyecto
de Ley del Plan Hidrológico Nacional PHN) en 1993, que llegó
a ser informado por el Consejo Nacional del Agua.
Si en España no se
dispone hoy de un PHN se debe a la actitud del PP que bloqueó su
tramitación parlamentaria, exigiendo condiciones previas (aprobación
de los planes hidrológicos de cuenca y del Plan Nacional de Regadíos)
que ahora el Gobierno desvirtúa sin la menor coherencia.
Los socialistas consideramos
absolutamente necesario la puesta en marcha de un PHN.
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El PP ha vaciado de contenido
la planificación hidrológica
La modificación
de la Ley de Aguas de 1985, aprobada por el PP en 1999 con el voto contrario
del PSOE, ha vaciado de contenido la planificación hidrológica
nacional, en la medida que permite la creación de mercados privados
sobre los derechos del agua. Los socialistas seguimos exigiendo
la modificación de esta normativa, de forma que se mantenga y se
garantice el control público del agua.
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El Gobierno no ha presentado
el Plan Hidrológico Nacional
El Gobierno no ha presentado
en realidad un PHN, sino un conjunto de alternativas de trasvase a todo
el litoral mediterráneo, desde Cataluña a Almería.
Las conclusiones del Gobierno sobre las posibles alternativas, escasamente
argumentadas, parecen prefijadas de antemano por razones políticas.
De hecho, los estudios técnicos que acompañan al proyecto
resultan sesgados a favor del trasvase desde el Ebro, que el Gobierno
presenta como la opción "destacada" (sic) , infravalorando sus costes
e impactos y el correspondiente precio del agua trasvasada.
Tampoco consideramos objetivo
el análisis de las demandas de agua en las diferentes
cuencas potencialmente receptoras. El Gobierno ha "eliminado" los déficits
existentes -según el Libro Blanco y los planes hidrológicos
de cuenca, aprobados por el propio Gobierno- en las cuencas del Ebro, del
Guadiana, del Guadalquivir y del Sur, con argumentos poco consistentes.
Lo que el Gobierno ha
presentado, en síntesis, no cumple los requisitos de una
correcta planificación hidrológica, ya que no quedan
explícitos ni su diagnóstico, ni sus objetivos, ni sus instrumentos,
ni los compromisos públicos que comporta, ni realiza un tratamiento
suficiente de las aguas subterráneas y de los ecosistemas hídricos,
ni incluye mecanismos de coordinación entre los planes hidrológicos
de cuenca y el PHN, ni da respuesta a numerosos problemas hídricos
existentes en toda España.
Los socialistas exigimos
un diseño más riguroso de la planificación, que abarque
todos los territorios y que considere, con seriedad, todas las opciones
existentes -con sus costes reales- para atender los problemas de calidad
y de cantidad de los recursos hídricos. Para ello es imprescindible,
entre otras cosas, disponer de un Plan Nacional de Regadíos (PNR),
que incluya la totalidad de las zonas regadas y establezca su escenario
de desarrollo acorde con la política de la UE.
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Un Plan Hidrológico
Nacional debe ser mucho más que trasvases
La Unión Europea
considera la posibilidad de los trasvases entre cuencas siempre que
se esté realizando una correcta gestión integral de cada
cuenca y resulte una opción justificada. Los socialistas así
lo contemplamos en nuestro programa electoral. Aznar se opuso expresamente
a los trasvases con carácter general cuando, desde la oposición,
se limitaba a descalificar cualquier propuesta del PSOE: debería
explicar las razones de su cambio de posición. Desde luego, un
PHN tiene que ser mucho más que la eventual cobertura legal para
efectuar trasvases.
Los socialistas defendemos
un desarrollo sostenible y equilibrado territorialmente para el conjunto
de España. Para ello, el PHN, además de resolver la endémica
falta de agua de las zonas con graves déficits de las cuencas del
Segura, Guadiana, Sur, Guadalquivir y Ebro de acuerdo con la alternativa
que resulte más correcta, debe ser mucho más. El PHN tiene
que ser coherente con el Plan Nacional de Regadíos, con
el Plan Nacional de Saneamiento y Depuración, con el Plan
Director de Infraestructuras y con las orientaciones y directivas
europeas en materia de aguas y de desarrollo rural, así como
con el futuro Plan sobre Humedales. El PHN tiene, además, que garantizar
la coordinación y ejecución de los planes hidrológicos
de cuenca y su gradual ajuste a las nuevas exigencias europeas.
Los socialistas queremos
que el PHN, en un contexto de redistribución solidaria de los recursos
presupuestarios, esté encaminado a lograr un mayor equilibrio territorial,
contribuya
a reducir los problemas hídricos y a frenar los procesos de despoblación
y de desertificación, creando nuevas oportunidades de empleo
y de calidad de vida, y estableciendo mecanismos que garanticen en toda
España un uso sostenible del agua. El proyecto del Gobierno
no tiene esta ambición y, por el contrario, acentuaría los
desequilibrios territoriales, comportaría graves impactos ambientales
y no garantizaría en absoluto una gestión sostenible del
agua.
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El Gobierno no aclara
la repercusión de los costes derivados de su propuesta
Lejos de aumentar la
racionalidad económica en la gestión del agua, el Gobierno
introduce muchas incógnitas sobre la repercusión efectiva
de costes del agua, en particular del coste del trasvase "destacado"
(sic) por el Ministerio de Medio Ambiente, ni en el resto de loas alternativas
de trasvase presentadas. Los textos plantean la posibilidad de modular
las repercusiones, encareciendo los abastecimientos urbanos; pero la discrecionalidad
es absoluta, ya que, además, la aportación del agua trasvasada
podrá efectuarse por parte de un concesionario a usuarios concretos,
y no al conjunto de la cuenca receptora. Es decir, ni siguiera se garantiza
que resulten "beneficiados" por el trasvase los usuarios cuyos déficits
justifican, en teoría, el propio trasvase. Se podría
dar la paradoja de que se perpetuaran situaciones de infradotación
-o de sobreexplotación de acuíferos- en los regadíos
consolidados, mientras se atienden demandas urbanas o turísticas
a un coste similar al de la desalación o la reutilitización
de aguas depuradas.
Los socialistas reivindicamos
una gestión pública del agua de cualquier procedencia,
que garantice todos los usos actuales con criterios de sostenibilidad,
y que evite la especulación sobre el agua y sus consiguientes
efectos sociales, territoriales y ambientales.
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El Gobierno debe dar prioridad
efectiva a los problemas hídricos más urgentes y aclarar
la financiación de las correspondientes medidas
El anexo de inversiones
que acompaña al proyecto del PHN, cuantificado por el Gobierno en
más de 3 billones de pesetas, constituye un auténtico
fraude a la opinión pública. Se trata de obras, en su
gran mayoría, en tramitación o en ejecución desde
hace años -algunas incluso acabadas-, para las que, además,
no se cuantifica la aportación, en cada caso, de la inversión
estatal, ni se establece un calendario de compromisos. El Gobierno no
fija, pues, prioridades: ni siquiera podría hacerlo en gran
parte de las actuaciones cuya ejecución está ya encomendada
a las nuevas -y casi inéditas- Sociedades de Aguas de las cuencas,
de forma que resulta imposible conocer la repercusión de sus costes
-que dependerán de la participación efectiva de la financiación
privada- ni su calendario de desarrollo.
El Gobierno tampoco dice
ni cuándo ni cómo va a financiar las actuaciones contempladas
en los planes hidrológicos de cuenca que no aparecen en el anexo
de inversiones del Anteproyecto del PHN. El Gobierno: debe explicar si
dichas actuaciones se van a llevar a cabo o no.
Los socialistas queremos
poder debatir sobre las prioridades reales de la política del agua,
que deberían, de forma inmediata, resolver el problema generalizado
de mala calidad del agua -que el propio Gobierno reconoce en sus
estudios- que afecta muy negativamente a la disponibilidad efectiva de
agua y a la calidad del suministro de casi la mitad de los asentamientos
urbanos.
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La Directiva europea del
agua debe ser la referencia real del Plan Hidrológico Nacional
A los socialistas
nos preocupa la compatibilidad de la propuesta del Gobierno con la Directiva
Europea sobre política del agua, así como con los criterios
-cada vez más exigentes en materia ambiental- para la obtención
de fondos europeos que faciliten la financiación de las actuaciones
previstas. Por lo pronto, los estudios que acompañan al proyecto
del Gobierno carecen del suficiente rigor en el análisis de los
ecosistemas de las diferentes cuencas, y en los efectos sobre las mismas
de las actuaciones previstas, así como de los procesos de cambio
climático y de avance de la desertificación y, por lo tanto,
no son válidos para iniciar el proceso de convergencia hacia los
objetivos establecidos por la Directiva.
Los socialistas queremos
un PHN en el que la recuperación y mejora de los espacios forestales
y de la diversidad biológica de nuestros recursos hídricos
sean objetivos auténticamente preferentes, acorde con las orientaciones
europeas en esta materia y con las necesidades ambientales específicas
de España.
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El Plan Hidrológico
Nacional debe apostar por el futuro
A pesar de las continuas
manifestaciones del Gobierno sobre la "modernidad" de su oferta en materia
de política de agua, cabe decir con rotundidad que el proyecto
presentado se corresponde con una visión obsoleta, en la que
no juegan el papel que merecen los mecanismos necesarios para garantizar
el uso racional del agua y la máxima eficiencia de las infraestructuras,
ni se plantean las posibilidades de explotación conjunta aguas
superficiales-aguas subterráneas, ni se tiene suficientemente
en cuenta la evolución previsible de las tecnologías de desalinización,
reutilización de aguas residuales y potabilización. En
particular, resulta imprescindible coordinar la política del agua
con la política de regadíos para favorecer la modernización
del sector agrícola, la correcta dotación de los regadíos
legales infradotados y la erradicación de los regadíos ilegales.
Los socialistas queremos
una política del agua realmente innovadora, que incorpore los
valores de la sostenibilidad y la eficiencia y los cambios tecnológicos
y de gestión previsibles a medio plazo.
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Las Confederaciones Hidrográficas
deben ser las garantes de la correcta aplicación de la política
del agua
Los socialistas queremos
que las Confederaciones Hidrográficas se adapten a los nuevos retos
de la política del agua y al desarrollo del Estado autonómico.
El Gobierno ha vaciado de contenido a las Confederaciones Hidrográficas
mediante la creación de las Sociedades de Aguas; lo que significa
hurtar al control público importantes decisiones que afectan a un
recurso público como es el agua. El Gobierno ha reducido, además,
los medios técnicos y humanos de los que disponen las Confederaciones
Hidrográficas, impidiendo que desarrollen con eficacia su labor.
Los socialistas consideramos
urgente un cambio de actitud del Gobierno en esta materia, mediante el
compromiso
de reestructurrar las funciones de los organismos de cuenca de acuerdo
con la actual distribución de competencias –transfiriendo, además,
de una vez, las Confederaciones Hidrográficas cuya cuenca se corresponda
con una única Comunidad Autónoma-, así como de dotarlas
adecuadamente y de profundizar en la participación de instituciones
y colectivos en sus órganos de gobierno. Asimismo, seguimos cuestionando
la existencia y funcionamiento de las Sociedades de Aguas en cuya gestión
ni siquiera se ha llamado a participar a las Comunidades Autónomas
de las correspondientes cuencas.
Ningún PHN,
por adecuado que sea su diseño, podrá desarrollarse con
éxito en ausencia de organismos públicos de cuenca bien diferentes
a los existentes en la actualidad.
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El Plan Hidrológico
Nacional será un éxito si es el fruto de un amplio consenso
territorial