PROBLEMÁTICA AMBIENTAL DE LOS EMBALSES EN EL PIRINEO ARAGONÉS
José Manuel Nicolau Ibarra, Area de Ecología. Universidad de Alcalá
 

Revista de Estudios Territoriales del Pirineo Aragonés, n.º2.


 
 

La naturaleza de la crisis ambiental en nuestra sociedad

 En las sociedades modernas el factor ambiental cada vez tiene un mayor peso en la toma de decisiones sobre las actividades económicas y la explotación de los recursos naturales. Así lo recoge la Constitución española de 1978 y así lo asumen todas las formaciones políticas y sindicales, que han introducido el concepto de desarrollo sostenible en sus programas.

 El criterio ambiental se considera, pues, fundamental en la toma de decisiones. Pero ¿por qué? ¿Dónde reside la importancia -la necesidad imperiosa- de conservar la funcionalidad ecológica de los valles pirenaicos y de la biosfera en general? Creo que la mayoría de las personas -incluídos los políticos- todavía no tienen conciencia de que nuestro bienestar y nivel de vida surgen de la Naturaleza y no de los parámetros macroeconómicos o de los índices de las bolsas. Nuestra sociedad se sustenta en los servicios que nos presta la tecnología (telecomunicaciones, transporte, energía, sanidad, etc) y en los que nos prestan los ecosistemas: mantenimiento del equilibrio de gases de la atmósfera; regulación del clima (temperatura, precipitaciones); control de avenidas; mantenimiento de la calidad del agua; transformación de la radiación solar en biomasa que nos aporta alimentos y fibras; reciclaje de los residuos orgánicos; creación del suelo fértil; regulación de agentes patógenos que produce un entorno saludable; mantenimiento de diversidad genética que constituye una reserva de alimentos, fármacos, materiales; disfrute emocional de la Naturaleza, etc.  (Ayensu y otros, 1999). El doctor Montserrat lo expresa diciendo que “la Naturaleza trabaja para nosotros” (1995).

 El tipo de vida cada vez más urbano y desligado del medio natural que llevamos hace que seamos más conscientes y valoremos más los servicios de la tecnología y menos los de los ecosistemas, a los que, por otra parte, no sabemos asignar un valor económico. (Aunque un reciente estudio ha estimado en 33 billones de dólares el valor de los bienes y servicios que nos presta la biosfera cada año: Costanza y otros, 1997).

 El desarrollo de nuestra sociedad industrial -que tanto bienestar material nos ha aportado- ha producido, sin embargo, un deterioro muy grande de la Naturaleza que está afectando a algunos servicios que ésta nos presta, los cuales resultan imprescindibles para el mantenimiento de nuestra civilización. Por eso se habla de crisis ecológica o crisis global y se dice que el actual modelo de desarrollo, aunque nos está proporcionando un alto nivel de vida en occidente, no resulta sostenible a medio-largo plazo. Los principales problemas que estarían poniendo en riesgo la viabilidad de nuestra sociedad tal y como la conocemos serían los siguientes: el cambio climático por el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, la pérdida de biodiversidad (especies, espacios naturales, culturas), el deterioro de la salud del hombre y de otras especies (pérdida de fertilidad, cánceres), la disminución de la superficie de suelo productivo y la miseria en los países del Tercer Mundo.

 Ante esta situación, la respuesta de nuestra sociedad ha sido plantear la necesidad de un desarrollo sostenible que, según definió el informe Brundtland, sería “el que permite satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”. Esta definición, como se puede ver, es bastante ambigua y poco concreta, lo que ha permitido su asunción desde posiciones muy heterogéneas y distantes. Sin embargo, distintos pensadores han ido concretando el concepto, según recoge Naredo (1996): ”La sostenibilidad no será fruto de la eficiencia y del desarrollo económico, sino que implica sobre todo decisiones sobre la equidad actual e intergeneracional”. “Desarrollo sostenible equivale a desarrollo sin crecimiento”. “Hace falta que la sociedad reaccione a las señales de deterioro en las condiciones de habitabilidad del planeta, corrigiendo el funcionamiento del sistema económico que lo origina”. Y algo más práctico: “Para hablar de sostenibilidad hay que precisar los ecosistemas y los procesos ecológicos que se quieren conservar”.

 Obviamente hay otros tipos de razones que mueven a muchas personas a conservar la Naturaleza: afectivas, de identidad, éticas, culturales, por su valor como patrimonio, etc. Sin embargo, en este trabajo nos vamos a centrar en las estrictamente ecológicas, físicas.
 

Servicios ecológicos prestados por el Pirineo

 ¿Por qué habría que conservar el medio ambiente pirenaico? Pues para garantizar los servicios ecológicos que nos presta, los cuales nos resultan imprescindibles.

 Un macizo de las dimensiones del pirenaico ejerce su influencia a escala global (de la biosfera), regional y local. Los servicios que presta a escala de biosfera no han sido estudiados, pero se puede afirmar que contribuye al equilibrio gaseoso de la atmósfera y al almacenamiento de carbono, elemento clave en el cambio climático.

 En el contexto regional su influencia afecta al valle del Ebro y a la Llanura de Aquitania. Es el gran regulador del ciclo del agua, al condensar la humedad y cederla hacia abajo a través de los grandes ríos pirenaicos y del flujo subterráneo (acuífero de Olvena, etc).

 Proporciona agua de boca de calidad, tanto más cuanto mejor conservados están los ecosistemas de los valles.

 Es un notable exportador de materiales y de fertilidad (nutrientes) contribuyendo con ello a la formación de los suelos de las vegas de los grandes ríos y a su fertilidad, mantenida por la materia orgánica que llegaba con las crecidas, antes de la construcción de los grandes embalses. El propio delta del Ebro se constituyó a partir de los sedimentos procedentes del Pirineo y necesita de ellos en la actualidad para su supervivencia. Y las ricas pesquerías de la costa próxima a la desembocadura del Ebro también dependen de los nutrientes que llegan de la cuenca.

 El Pirineo constituye una rica reserva de biodiversidad, en contraste con las llanuras circundantes, que le otorga un valor muy elevado en cuanto a razas de ganado, variedades de plantas agrícolas y forestales y de plantas naturales con propiedades terapéuticas, microorganismos con usos múltiples, etc.

 Por otro lado, es interesante destacar un servicio de carácter social y político: Los valles pirenaicos fueron la cuna del reino de Aragón (y de los otros reinos cristianos del sur), ámbito en el que se gestó la identidad y la cultura aragonesas y referencia sociológica vigente en la actualidad.

 El paisaje pirenaico bien conservado es percibido como muy atractivo por la actual sociedad urbana que satisface sus necesidades de contacto con la naturaleza a través de muy variadas actividades turísticas y de tiempo libre.

 En cuanto a la escala local hay que recordar que era la propia Naturaleza la que satisfacía la mayor parte de las necesidades de las poblaciones tradicionales y que, en la actualidad, sostiene la más importante, el turismo, merced a la elevada calidad paisajística de unos ecosistemas modificados por la actividad humana tradicional. Es este el servicio ecológico más valorado en la actualidad, aunque hay otros también relevantes: el control de las avenidas y la conservación de los suelos productivos que ejercen los bosques y la vegetación de ribera, la disponibilidad de agua de calidad, la producción de madera, de pasto, de ganado, de electricidad, la descomposición de las basuras, el control de agentes patógenos, etc., y otros más intangibles como la profunda identificación de los montañeses con su territorio.

 ¿En qué medida los servicios ecológicos del Pirineo han ido mermando como consecuencia del crecimiento económico del país, y en concreto, de la construcción de grandes embalses?
 

Pérdida de bienes y servicios ecológicos por los embalses construídos

 No se ha abordado, mediante un estudio profundo, el coste ecológico que supuso la construcción de los grandes embalses sobre el Pirineo y sus regiones circundantes.

 Una primera estimación nos indica que en torno a 4.000 personas fueron desalojadas y 30 pueblos quedaron despoblados. De 8 a 9 mil hectáreas de fondo de valle con sus bosques, prados y campos quedaron anegadas (Herranz, 1995).

En síntesis, la disminución de bienes y servicios ecológicos que supuso la construcción de estas obras ha sido de la naturaleza siguiente:

  • Se modificó el regimen natural de los grandes ríos pirenaicos y el funcionamiento global de la Cuenca del Ebro con sus implicaciones sobre el Delta del Ebro: La aportación de materiales y de fertilidad a los suelos de vega, al delta y a las pesquerías del Mediterráneo quedó muy reducida.
  • Se destruyeron decenas de kilómetros de bosques de ribera, que quedaron anegados, perdiéndose los servicios que prestaban en el control de avenidas, purificación del agua, reserva de biodiversidad, producción de leña, espacio de esparcimiento y contemplación, etc.
  • Los ecosistemas acuáticos de los ríos se han visto alterados en gran medida al cambiar el régimen hidrológico, dependiente ahora del desembalse de las aguas reguladas: la intensificación del estiaje natural ocasiona mortandades de peces que quedan aislados en pozas e incrementa el nivel de contaminantes; las crecidas artificiales al inicio del verano repercuten negativamente en la brotación de la vegetación de ribera (carrizos, etc...) y, por consiguiente, en la nidificación de las aves acuáticas; la expulsión de grandes cantidades de sedimento en las operaciones de limpieza de los embalses también tiene graves consecuencias para la fauna piscícola, y la calidad del agua, etc... En el caso de los embalses hidroeléctricos el descenso en la temperatura del agua que provocan los entubamientos es también causa de simplificación y empobrecimiento de las comunidades bentónicas y por consiguiente, de las trucheras situadas en el vértice de la pirámide trófica. La producción vegetal, la diversidad y la calidad del agua se han visto mermadas.
  • Se destruyeron una docena de cañones, foces, congostos de gran relevancia por su alta biodiversidad, valor paisajístico y capacidad de depuración de las aguas.
  • Extensas superficies en el entorno de los vasos de los embalses fueron abandonadas o cambiaron de uso, alterándose el equilibrio ecológico en el que se encontraban. Las zonas más frágiles -las solanas y/o convexidades con sustratos arcillosos y margosos- han sufrido una importante pérdida de suelo por erosión, habiéndose reducido, por tanto, su capacidad productiva y de albergar ecosistemas maduros y contribuyendo a la colmatación de los embalses y a la disminución de la calidad del agua. En algunos valles, como el de Tena, la infrautilización -y consiguiente embastecimiento- de los pastos de alta montaña también está relacionada con la construcción de embalses. Los pastizales constituyen un ecosistema de gran valor ecológico y productivo (carne, leche) “construído” durante siglos por el hombre pirenaico, que se está degradando y perdiendo por tanto su capacidad de proporcionarnos carne, estabilidad geomorfológica de las laderas, suelos con capacidad de regulación del agua en cabecera, numerosas especies vegetales de utilidad terapéutica, etc. Otra parte de la superficie de las cuencas fué repoblada con masas monoespecíficas de pinos, algunas de las cuales ha sido presa del fuego periódicamente.
  • Se inició la fragmentación de los hábitats, el troceado del espacio pirenaico, con las repercusiones que ello tiene sobre la viabilidad de algunas poblaciones de animales de gran valor emblemático. El crecimiento acelerado de las infraestructuras viarias y de la superficie urbanizada en los últimos años está agudizando este problema.
  • La pérdida de patrimonio histórico-artístico resulta de un valor incalculable.


Fundamento ambiental de la actual política hidráulica

 La actual política hidráulica - a diferencia de la anterior- se enmarca en la constitución de 1978, en la que se consagra la conservación del medio ambiente. Sin embargo, para alcanzar tal objetivo, todavía no se dispone de una herramienta legal que permita valorar las afecciones ambientales a nivel de planes sectoriales (Planes Hidrológicos de Cuencas y Nacional, etc). Nuestro ordenamiento jurídico recoge la Ley de Evaluación de Impacto Ambiental para evaluar las afecciones a nivel de proyecto. Esto supone una gran limitación a la hora de conservar la Naturaleza, dado que, una vez aprobadas las líneas maestras de los Planes -sin ser evaluadas ambientalmente- el margen de maniobra de que se dispone para hacerlos sostenibles mediante la evaluación del impacto de cada proyecto, es muy pequeña. En algunos países existe la figura de la Evaluación Ambiental Estratégica, que se aplica a nivel de Plan. En España se ha aplicado de forma experimental al Plan Hidrológico del Tajo.

 Por lo tanto, el Plan Hidrológico del Ebro se elaboró y aprobó sin incorporar criterios ambientales fundamentados en alguna metodología científicamente contrastada. Menos aún el llamado “Pacto del Agua”. Lo que se está aplicando es la normativa de Evaluación de Impacto Ambiental para cada uno de los cuatro grandes proyectos de embalses. Esto supone que, en la práctica, no podamos conocer los cambios que estas infraestructuras van a producir en el macizo pirenaico en su conjunto, en el Pirineo como sistema en el que todo está interrelacionado, ni sobre algunos procesos y atributos ecológicos (fragmentación de hábitats, biodiversidad, usos del territorio, etc) que tienen lugar a escalas que superan el entorno del vaso del embalse y cuyos impactos no se suman sino que se multiplican cuando proceden de más de un proyecto.

 Por otro lado, también resulta obvio desde el punto de vista técnico, la necesidad de evaluar previamente los impactos ocasionados por los embalses construídos en el pasado, para tener una referencia de los servicios ecológicos que ya se han perdido y para identificar efectos sinérgicos o solapamientos con los que ocasionarían los cuatro embalses previstos.

 ¿Pero -aunque sea insuficiente- cuál es el rigor con el que se está aplicando la normativa de Evaluación de Impacto Ambiental a estos cuatro embalses?

 No disponemos de espacio suficiente para analizar de forma pormenorizada el procedimiento de evaluación seguido en los cuatro proyectos, por lo que nos centraremos en el caso del recrecimiento de Yesa.

 Del Cuadro 1 se colige que, desde el principio, el órgano ambiental rechaza el Estudio de Impacto presentado por la Dirección General de Obras Hidráulicas por deficiente. Que, a partir de la recomendación de la Unión Europea, solicita la inclusión de la variante de carreteras y de los regadíos en el nuevo Estudio de Impacto. Que la Dirección General de Obras Hidráulicas acepta realizar un nuevo Estudio de Impacto, que saca a concurso en enero de 1999. Que, sorpresivamente, en marzo, Medio Ambiente da el visto bueno al proyecto basándose en el primer estudio, que siempre había sido considerado no válido. De todos es conocida la naturaleza no técnica de esa decisión y la intensa presión ejercida por la anterior presidencia del gobierno de Aragón sobre el Ministerio de Medio Ambiente.

 En el caso del embalse de Santa Liestra se ha dado el visto bueno ambiental sin haberse realizado los necesarios estudios geológicos, que a posteriori, se están intentando realizar en la actualidad.

 Se concluye que, aunque la aplicación de la normativa de Evaluación de Impacto Ambiental es en sí misma insuficiente para conservar los servicios ecológicos que necesitamos para vivir, su aplicación es además muy deficiente. Incluso su ilegalidad está siendo considerada por los jueces en la actualidad. En todo caso, el problema trasciende a la actual política del Ministerio de Medio Ambiente, centrándose en la necesidad de que nuestra sociedad adquiera conciencia de la importancia de conservar los servicios ecológicos.
 

CUADRO 1: EVOLUCIÓN DEL PROCEDIMIENTO DE EVALUACIÓN DE IMPACTO AMBIENTAL DEL RECRECIMIENTO DE YESA
 
 

29.05.91:
Fecha de iniciación del procedimiento de EIA del proyecto de recrecimiento: El órgano sustantivo (Dirección General de Obras Hidráulicas: DGOH) remite la memoria-resumen al órgano ambiental (Dirección General de Medio Ambiente) y éste inicia las consultas a personas, instituciones, administraciones.
19.04.93:
El EsIA se somete a información pública
01.06.94:
La D.G. de Obras Hidráulicas remite el expediente al órgano ambiental para que éste realice la Declaración de Impacto Ambiental (DIA).
07.07.94:
La Dirección General de Política Ambiental se dirige a la Dirección General de Obras Hidráulicas rechazando el Estudio de Impacto Ambiental por ser incompleto y presentar carencias.
 08.11.95:
El órgano ambiental informa a la DGOH que el procedimiento de EIA está parado y pide información adicional.
23.11.95:
La DGOH responde al órgano ambiental que se va a sacar a concurso la redacción de un nuevo Estudio de Impacto Ambiental.
24.07.97:
El órgano ambiental remite una nota a la DGOH insistiendo en la necesidad de realizar un nuevo Estudio de Impacto que incluya la zona de regadíos, las variantes de carreteras y las canteras.
08.01.99:
La DGOH saca a concurso público en el BOE la redacción de un nuevo Estudio de Impacto Ambiental del recrecimiento de la presa y variantes de carreteras afectadas.
31.03.99:
El órgano ambiental redacta la Declaración de Impacto Ambiental -en términos favorables al proyecto- y la remite a la DGOH. La Declaración se redacta a partir del primer (y único) Estudio de Impacto. El concurso para la realización del nuevo Estudio de Impacto se suspende.
23.04.99:
Se publica la DIA en el Boletín Oficial del Estado favorable al recrecimiento.
Septiembre 99: El ayuntamiento de Artieda presenta tres recursos judiciales contra la DIA
Octubre 99 
La administración de justicia admite a trámite los tres recursos.

Pérdida de bienes y servicios ecológicos por los embalses previstos

 El Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro prevé la construcción de 6 grandes obras de regulación en el Pirineo: El embalse de Itoiz en el río Irati en Navarra, el recrecimiento de Yesa en el Aragón, Biscarrués en el Gállego, Jánovas en el Ara, Santaliestra en el Ésera y Rialp en el Segre.

 Esto supone en el caso de Aragón la inundación de 4.500-5.000 Has de fondo de valle. Afecciones a 12 localidades de las cuales se inundarían Sigüés en Yesa, Erés en el Gállego, Ligüerre y Javierre en Jánovas, según la cota. En el valle del Irati se inundarían 1.145 Has afectándose 15 localidades, de ellas 8 inundadas. En el Mig Segre, Rialp inundaría 5.000 Has. Se ven afectadas 6 localidades, 2 de ellas inundadas.

 De forma sumaria las repercusiones más notables sobre el Pirineo aragonés serían las siguientes:
 

  • Puesta en riesgo de la seguridad de las poblaciones situadas aguas abajo del embalse de Santaliestra dada la inestabilidad de la ladera sobre la que se asienta la presa. También existen indicios –no confirmados por estudios técnicos- en el caso del recrecimiento de Yesa.
  • Profundización en la inundación de pueblos, el despoblamiento y la desvertebración territorial, especialmente graves en el caso de Yesa y de Biscarrués, donde se ha conseguido recuperar una cierta actividad a partir de la modernización de las explotaciones agropecuarias o del aprovechamiento del río para el turismo y los deportes de aventura. Los efectos de estos nuevos episodios de desertización humana serían sinérgicos con los de las décadas pasadas.
  • Alteración de más cañones, espacios de gran relevancia ecológica: Foz de Sigüés, Foz de Murillo, Congosto de Jánovas. Y de más kilómetros de bosque de ribera.
  • Desaparición del último gran río pirenaico que mantiene su régimen natural y, por lo tanto, un magnífico estado de conservación de la fauna piscícola: el Ara.
  • Se acentuaría la fragmentación del espacio pirenaico, fenómeno que afecta a la viabilidad de las poblaciones animales y se retroalimenta positivamente.
  • La pérdida de patrimonio histórico-artístico volvería a ser notable: casco urbano de Sigüés, camino de Santiago, conjunto monumental de Lavelilla, etc.


Consideraciones finales
 

  • La articulación de una política de desarrollo sostenible en el Pirineo pasa, inexcusablemente, por determinar de la forma más concreta posible, las áreas que habría que conservar y los usos que desarrollar para garantizar la funcionalidad ecológica del conjunto del macizo y el mantenimiento de unos servicios ecológicos básicos. Esas áreas y procesos ecológicos serían los que todas las iniciativas de desarrollo tendrían que “sostener”.
  • Aunque la consecución de este objetivo resulta utópico actualmente (por la falta de conocimientos ecológicos y de herramientas jurídicas específicas), desde las entidades locales, y a escala de municipio o valle, se pueden realizar aproximaciones a través del planeamiento urbanístico e, incluso, mediante la solicitud de elaboración de Planes de Ordenación de los Recursos Naturales, que recojan este objetivo.
  • Ante la falta de voluntad política en la aplicación cabal de la normativa de EIA que manifiestan los poderes ejecutivo y legislativo, se hace necesario recurrir al amparo del poder judicial y de las instituciones europeas.
  • El vigente contencioso entre la demanda de “agua” por parte del “llano” (regantes, compañías constructoras, hidroeléctricas y de distribución de agua de boca) y la voluntad de la montaña en defender su integridad ecológica, podría ilustrarse con el siguiente pensamiento de Antonio Estevan (1999): “La confrontación ecológica no es una cuestión de técnicas productivas, y ni siquiera de comportamientos individuales, sino un aspecto más de la eterna confrontación social. Al hacerse los recursos naturales más escasos, la confrontación social por la apropiación de la riqueza y el poder se recrudece en el terreno de la Naturaleza, en lugar de seguir centrándose esencialmente en el ámbito de los político-institucional y lo económico-monetario”.
Bibliografía
 
  • Ayensu, E. et al. 1999. International Ecosystem Assessment. Science, 286: 685-686.
  • Costanza, R. et al. 1997. The value of the world´s ecosystem services and natural capital. Nature, 387: 253-260.
  • Estevan, A. 1999. El nuevo desarrollismo ecológico. Archipiélago, 33: 47-60.
  • Herranz, A. 1995. La construcción de pantanos y su impacto sobre la economía y población del Pirineo aragonés. En: J.L. Acín y V. Pinilla (eds.): Pueblos abandonados ¿Un mundo perdido?: 79-102. Colección de Bal de Bernera, 2. Rolde de Estudios Aragones. Zaragoza.
  • Montserrat, P. 1995. Implicaciones ecológicas relacionadas con el despoblamiento pirenaico. En: J.L. Acín y V. Pinilla (eds.): Pueblos abandonados ¿Un mundo perdido?: 203-214. Colección de Bal de Bernera, 2. Rolde de Estudios Aragones. Zaragoza.
  • Naredo, J.M. 1996. Sobre el origen, el uso y el contenido del término “sostenible”. Documentación social, 102: 129-147.