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Miguel Solana, Artieda de Aragón – Junio de 2000 SIETE
DE ARAGÓN n.º 281: 6-8, del 26 de junio al 2 de julio de 2000
Si algo habrá que agradecerle al nuevo ministro de Medio Ambiente Jaume Matas, ha sido la claridad meridiana con la cual ha dicho lo que hasta la fecha era una decisión tomada ( antes PSOE , ahora PP) pero oculta o cuando menos disimulada: El PHN se discutirá pronto y contendrá trasvases desde el Ebro hacia el litoral mediterráneo. En vísperas de su llegada, el Secretario de Estado de Aguas y Costas Pascual Fernández, anunciaba en Zaragoza que Medio Ambiente adjudicaba el Recrecimiento de Yesa y entre otros argumentos daba la necesidad de abastecer con agua de calidad a Zaragoza. En un equívoco, tal vez traición del subconsciente, se le deslizó un Bar..... sumamente esclarecedor de cual es la razón profunda de este recrecimiento. Ahora más que nunca las cartas están sobre la mesa y no hace falta ser mago para leerlas. Respecto al agua y los modelos de planificación que pueden desarrollarse a partir de ella existen dos caminos a seguir: el primero se basa en concebirla como un elemento básicamente productivo que ha de ponerse al servicio de quien tenga más recursos, al tiempo que puede obtenerse sustanciosos beneficios a partir de su gestión. El segundo modelo entiende que, más allá de su faceta productiva, el agua y los ríos por los que discurre han de ser concebidos como elementos básicos de articulación de los territorios por los que discurren. La cultura y organización social generados alrededor de ella tienen tanto valor o más que los meramente crematísticos. Además estos valores cada vez son más apreciados por una sociedad que se hace urbana a marchas forzadas y busca espacios naturales para su ocio. La historia pasada de Aragón ha hecho que el primero de los modelos se haya impuesto con claridad hasta la fecha. La necesidad existente a principios de siglo de alimentar a una población desnutrida y la necesidad de potenciar un sector primario, básico para el desarrollo posterior de otros sectores, hicieron que esto fuese así. El negocio que genera su expectativa de apropiación mediante sistemas concesionales es la auténtica razón que opera hoy. Este modelo que se ha impuesto a lo largo de la historia ha tenido un invariante. Éste ha sido, la supeditación de la montaña a las ambiciones de territorios y gentes ajenos a ella. Las consecuencias para el espacio montañés han sido catastróficas. Las aguas que viajan por los ríos que cruzan su territorio son de uso público hasta el momento en que quedan reguladas en los embalses. En ese momento y mediante el sistema concesional pasan a ser, en la práctica, bienes privados. Las consecuencias quedaron bien a las claras durante el conflicto que se desarrolló alrededor de la construcción de la piscifactoria de El Grado. Tenemos que ver como las aguas reguladas en nuestro territorio generan plusvalías de las que no vemos un duro. Bardenas se permite el lujo, a través del alcalde de Ejea Eduardo Alonso, de exigir agua circulando por sus canales ya en el mes de marzo porque han de amortizar las centrales que instalaron y les reportan pingües beneficios. Su osadía llega al extremo de exigir cuanta más agua regulada mejor porque si sobra, palabras de Luis Ciudad presidente del sistema de riegos de Bardenas, podremos venderla a catalanes o valencianos. Pero no sólo la pérdida de control sobre las aguas que circulan por su territorio ha sido nefasta para la montaña. Una concepción del desarrollo de Aragón basado en la expansión del llano y el asentamiento en él de la población, al tiempo que el abandono del espacio montañés, teorizado por el propio Joaquín Costa, se ha incrustado en nuestros poderes políticos. Instalados junto a ellos sectores de influencia como hidroeléctricas o sindicatos agrarios de marcado carácter conservador (ASAJA, ARAGA) o de implantación básica en las zonas de regadío (UAGA) siguen impulsando un esquema similar. A muchas zonas de la montaña se les ha negado y niega las inversiones que de forma habitual se han derivado hacia las transformaciones de regadío ¿ qué comarca montañesa ha recibido el equivalente a lo que supone transformar las más de 1000 has. de regadío que, por poner un ejemplo, tiene una localidad como Castiliscar en el sistema de Bardenas ?. Esta deriva de inversiones hacia el llano ha tenido nefastas consecuencias para las infraestructuras que hubiesen resultado básicas para el desarrollo de la montaña (eje transpirenaico, comunicaciones transfonterizas, redes de abastecimiento y depuración de aguas, servicios de atención sanitaria o educativa y así un largo etc. ) y han contribuido de forma importante a su despoblación. Por cierto, es indignante la demagogia de quienes hablan de que no hacer pantanos es condenar a Aragón a la despoblación y, parece ser, ignoran lo que ha ocurrido allí donde se hicieron. Que miren a la canal de Berdún o a Sobrarbe por poner dos ejemplos clarificadores. La cuestión podría
tener explicación si aquella hubiera resultado una inversión
de futuro que permitiese generar riqueza para, atendiendo a un bien entendido
principio de solidaridad y no al que argumentan personas como Luis Ciudad
en cuya boca esta palabra huele mal, retornar parte del valor que en patrimonio,
gentes o dinero público se había usurpado a la montaña.
Por el contrario, y esto es lo más grave, hemos apostado por un
sector que sólo puede funcionar gracias a las generosas subvenciones
públicas. Es decir los que ya recibieron han de seguir haciéndolo
para seguir adelante. Seguramente ha llegado el momento de exigir que en
las comarcas que albergamos embalses se nos financie la instalación
de nuestros negocios y si no funcionan se nos de lo que haga falta para
que podamos seguir viviendo. Nosotros también somos mundo rural
¿ o sólo lo son las zonas de regadío ?
Los mismos argumentos de
insostenibilidad, desequilibrios territoriales o irracionalidad que defendimos
antes defendemos ahora para luchar contra los trasvases que se plantean
desde el Ebro. Una vez más la montaña será territorio
de servidumbre. Lo increíble es ver el cinismo de quienes se oponen
con rotundidad a lo uno y aplauden con fervor lo otro. Y no lo es menos
escuchar a quienes predican que regulemos todas las aguas y si hay excedentes
ya dejaremos trasvasar (hasta el propio Justicia de Aragón que hubiese
hecho bien manteniéndose al margen de esta polémica se apunta
a esta tesis). Sólo los ignorantes pueden pensar que después
de hechas las costosas infraestructuras necesarias para trasvasar aguas
al litoral se usarán o no dependiendo de que sobre agua. Yo no tengo
la menor duda de que serán usos prioritarios y generarán
necesariamente conflictos, como ha sucedido con el Tajo-Segura. En todo
caso otra explicación que cabe, y por allí apuntaba el Sr.
Ciudad, es que quienes tienen las concesiones, sabedores de su posición,
quieran hacer negocio con la venta de las mismas cuando sea necesario.
Sería lamentable ver como algunos hacen negocio a costa del dolor
ajeno.
Nosotros sí que tenemos
derecho a pedirles que usen con sabiduría y mesura la solidaridad
que ya les dimos en el pasado. Que rentabilicen al máximo lo mucho
que ya hemos puesto en sus manos, que transformen lo que producen, que
modernicen sus explotaciones y que valoren en su justa medida lo que la
sociedad aragonesa ha hecho en el pasado por ellos. Y a quienes a comienzo
de siglo se les declaró expectantes que sepan que un siglo no pasa
en balde y que su declaración nos convirtió a nosotros en
expectantes de ruina, y de esto ¡ya vale!. Lo mismo les pedimos a
los expectantes del litoral.
La montaña ya sufrió los trasvases en el pasado, y por cierto en beneficio de gentes que han demostrado bien poca gratitud o solidaridad. Uno nuevo se le plantea y ha decidido decir basta. En los últimos años lo ha dicho hasta la saciedad y ya comienza a ser hora de que el Gobierno de Aragón y el de Madrid escuchen lo que dice. El huevo de la serpiente
está puesto, el Pacto del Agua que elaboró Antonio Aragón
fue momento clave, y está a punto eclosionar. De nosotros depende
que se quede en huevo “batueco”.
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