|
USO Y AHORRO DEL AGUA EN LAS CIUDADES Enric Tello Ecologistes en Acció Aunque la población urbana total crece muy poco o nada (en la región metropolitana de Barcelona hace veinticinco años que somos cuatro millones y cuarto), una considerable proporción de gente traslada su residencia desde las ciudades compactas del centro hacia urbanizaciones de menor densidad de la corona metropolitana. La razón de ese traslado tiene un trasfondo demográfico importante: el cambio en las proporciones entre grupos de edad dentro de la pirámide de población. En el último cuarto del siglo XX han ido alcanzando la edad de emancipación las generaciones cada vez más numerosas nacidas en el último baby boom (los nacidos entre los sesenta y las crisis de los ochenta). En cambio, la esperanza de vida se ha ido alargando y los grupos de edad con bajas tasas de supervivencia, que liberan viviendas vacías, son aún muy poco numerosos. Esa desproporción explica que unas poblaciones urbanas en situación de estancamiento demográfico hayan necesitado construir y ocupar tanta vivienda nueva. El resultado estadístico de ese fenómeno es la drástica disminución del número de residentes por vivienda, desde tres y pico hasta dos y poco. La demografía explica por qué marchan tantos jóvenes de los centros urbanos con pirámides poblacionales envejecidas. Pero no explica a dónde van y porqué. Eso depende de la economía: la especulación del suelo y las rentas diferenciales incorporadas al valor patrimonial de la vivienda. En todas partes las salidas han sido selectivas: los pobres hacia unos destinos, buscando vivienda más asequible que en el centro; los ricos hacia otros, buscando viviendas más grandes, lujosas y exclusivas por los mismos precios que estarían dispuestos a pagar en el centro. Por regla general son estas
zonas de renta familiar disponible más alta, con tramas urbanas
donde predominan las casas unifamiliares con jardín y a veces hasta
piscina, donde el consumo de agua por habitante se ha disparado. El consumo
doméstico facturado de agua en el municipio de Barcelona (el millón
y medio que vive en la ciudad central) ronda los 140 litros por persona
y día. En los municipios de estas características de la segunda
corona metropolitana los consumos se disparan a doscientos, trescientos
y hasta cuatrocientos litros por persona y día. En cambio en el
cinturón compacto de la primera corona metropolitana, con residentes
de menor renta que en el centro y la segunda corona, los consumos domésticos
de agua por habitante son por regla general los más bajos de todos.
Pero en los últimos años muchos de éstos municipios
(Badalona, Santa Coloma, Hospitalet, Cornellà, incluso Sabadell
o Terrassa) también están perdiendo habitantes en cifras
absolutas (ver Tabla 1)
Tabla 1
Fuente: elaboración
propia a partir de M. Martínez (J. Esquerrà, E. Oltra, J.
Roca i E. Tello coords., La fiscalitat ambiental a l’àmbit urbà.
Aigua i residus a la regió metropolitana de Barcelona, Publicacions
de la Universitat de Barcelona, Barcelona., 1999:76)
El estudio de la empresa pública ATLL (Aigües Ter-Llobregat, que controla casi todo el suministro en alta de la región metropolitana barcelonesa y buena parte de las cuencas internas catalanas) para justificar la necesidad de un trasvase de 350 Hm3/año desde el Ródano o el Ebro se basa en tres supuestos clave (ver Tabla 2):
Nota1: se incluyen 20 Hm3 del acuífero del delta del Llobregat extraídos por la empresa privada Aguas de Barcelona (AGBAR). Fuente: ATLL, L’abastament
d’aigua a les comarques de l’entorn de Barcelona, Generalitat de Catalunya/ATLL,
Barcelona, abril de 1999.
Tal como he explicado en la revista de "Medi Ambient. Tecnologia i Cultura", del propio Departament de Medi Ambient de la Generalitat catalana (E. Tello, "Fiscalitat ambiental i nova cultura de l’aigua", Medi Ambient. Tecnologia i Cultura, nº 25, 1999, Departament de Medi Ambient de la Generalitat de Catalunya, pp. 27-39, contiene versión castellana), basta con cambiar el tercer supuesto mediante un programa de gestión de la demanda que estimulara una convergencia de los consumos de la segunda corona metropolitana con los de la ciudad central (a 150 litros domésticos y 250 totales) para que desaparezca el apremiante "déficit hídrico" de marras, incluso sin alterar nada más, incluso la abultada e improbable previsión de crecimiento demográfico (ver Tabla nº 3). Ese pequeño ejercicio
pone de manifiesto la importancia de los cambios urbanísticos
de los últimos decenios sobre los consumos y demandas de agua,
y hasta qué punto las previsiones de demandas futuras a través
del burdo método de los "requerimientos per cápita" se basan
en la mera extrapolación de las actuales tendencias sin fundamento
alguno.
Tabla 3
Fuente:.E. Tello, "Fiscalitat ambiental i nova cultura de l’aigua", Medi Ambient. Tecnologia i Cultura, nº 25, 1999, p. 33. Por eso me parece muy importante explicar bien dos cosas: 1) que esas tendencias urbanísticas insostenibles pueden y deben corregirse desde los poderes públicos, y por la ciudadanía misma, mediante programas de gestión de la demanda que contemplen desde las ordenanzas de edificación y los planes urbanísticos hasta los procesos de elaboración y aplicación de las Agenda 21 Locales. Para una planificación hidrológica alternativa basada en la gestión de la demanda es importante partir de valores-guía hacia los que tender. Los propuestos por Narcís Prat en su alternativa a las grandes cifras del Plan Hidrológico de Cuencas Internas de Cataluña (1989, actualizado en 1995) me parecen muy útiles, y son los utilizados en la anterior simulación: 150 litros por persona y día de consumo doméstico, 250 litros por persona y día para los consumos urbanos totales (sumando los consumos municipales, comerciales e industriales). Es importante subrayar que son inferiores a los registrados actualmente en el municipio de Barcelona, que tiene una de las facturas más caras del agua en España (contándolo todo, precio tarifado del agua e impuestos ligados al ciclo hidrológico). También es importante anotar que las mismas asociaciones de vecinos que han liderado la "guerra del agua" en Barcelona (1991-2000) --en la que más de 80.000 famílias dejaron de pagar los impuestos añadidos que consideraban abusivos hasta que se refundieron en uno sólo--, han puesto sobre la mesa de negociaciones el siguiente umbral de consumo básico para que tenga un precio asequible para todo el mundo: 100 litros por persona y día. Por encima de ese nivel están de acuerdo que el precio suba para estimular la eficiencia y el consumo responsable. Ese ha sido el umbral recogido en la nueva ley catalana del agua de 1999, que ha unificado les gestión del todo el ciclo hídrico en una sola Agencia Catalana del Agua y ha permitido acabar la "guerra del agua" con un pacto (todavía pendiente de algunos flecos, como el pago de la deuda tributaria pendiente y la separación dela tasa de basuras del recibo del agua). Os propongo que tomemos estos valores como referente:
Sin llegar a plantearse todavía reducir los consumos y dotaciones finales por habitante, el borrador en curso de aprobación de la futura Agenda 21 de Barcelona propone una reducción de 28 Hm3/año de sus demandas de la red hídrica de suministro exterior en alta, únicamente aumentando el aprovechamiento de las aguas subterráneas (23 Hm3/año, quince potabilizados y siete para usos no potables), la reutilización de aguas depuradas (4 Hm3/año) y el aprovechamiento de aguas pluviales (1 Hm3/año). No es una cifra despreciable: representa cerca de un 20% del consumo urbano, y un 14% del suministro total (véase: Consell Municipal de Medi Ambient i Sostenibilitat, Agenda 21 de Barcelona. Document preparatori, Ajuntament de Barcelona, junio de 1999, p. 27). Eso abona el interés de los procesos de elaboración de Agendas 21 para abrir camino a la nueva cultura del agua, tal como ya se ha demostrado en el caso de Calvià y otros. Sin embargo las mayores posibilidades para "evaporar" supuestos "déficits hídricos", y liberar recursos para otros usos, no están en ciudades centrales como el municipio de Barcelona, sino precisamente en las tramas urbanas más dispersas y de mayor poder adquisitivo de las coronas metropolitanas, donde los consumos y dotaciones duplican y hasta triplican en algunos casos los consumos habituales en los centros urbanos densos. Sólo a modo de muestra, valga ese botón. Las descargas del WC representan un mínimo de 5 m3 por persona y año, lo que para toda la Barcelona metropolitana equivale a 20 Hm3/año (J. Acebillo y R. Folch edits., Atles Ambiental de l’Àrea de Barcelona, Ariel, Bareclona, 2000). Estamos tirando por el WC agua potabilizada con un gran coste ambiental y económico, cuando en estas zonas de casas unifamiliares sería mucho más fácil aplicar ordenanzas municipales que obligaran a recoger agua pluvial para éste y otros usos (riego, lavadoras, etc.). En ciudades densas como Barcelona las precipitaciones sólo representan un 30% del consumo urbano total. Pero en comarcas de la segunda corona metropolitana como el Maresme la lluvia que cae del cielo duplica, y en algunos casos triplica sus consumos totales (que son mucho mayores por habitante). Aguas arriba la escorrentía de esa lluvia desaprovechada acaba engrosando, en parte, los caudales o niveles freáticos que sirven después como suministro. Por tanto, no "se pierde" por completo. Pero en las zonas impermeabilizadas de la costa las precipitaciones desaprovechadas van directamente al mar, y a veces –como en el Maresme— eso refuerza el peligro de inundaciones. De modo que el aprovechamiento de aguas pluviales se convierte además en una medida preventiva contra las situaciones de riesgo de inundación. Lo mismo vale para la regeneración y reutilización de los caudales depurados cerca de la costa: aguas arriba se reintegran a los caudales de los ríos, pero aguas abajo ya no. Junto a esas y otras argumentaciones a favor de programas de gestión de la demanda, que deberían empezar especialmente donde más falta hacen para frenar e invertir las dinámicas más insostenibles, la crítica de la extrapolación inercial de las tendencias actuales que está debajo de las previsiones alarmistas sobre "déficits hídricos" perentorios debe entrar en un segundo orden de cosas: 2) Las tendencias van a cambiar pronto, incluso si no se hace nada por cambiarlas. Suponer que el futuro será únicamente una reproducción ampliada del pasado inmediato es un grave error. En los últimos 25 años una población total que no crecía ha estado demandando gran cantidad de nuevas viviendas, y mayores suministros de agua, por el cambio de proporciones en los grupos de edad. Pero esa situación está a punto de invertirse. A partir del 2005-2010, aproximadamente, comenzaran a llegar a la edad de emancipación las cohortes cada vez más pequeñas nacidas en la etapa de fortísima contracción de la fecundidad que siguió a las crisis y reconversiones de los años ochenta, con sus secuelas de precarización laboral y encarecimiento de la vivienda. Ahora esas generaciones adelgazadas están ingresando en la ESO. Dentro de cinco años llegarán a la universidad y se incorporarán al mercado laboral y al de la vivienda. Simultáneamente los grupos de edad más avanzada comenzarán a ser más numerosos, y la mortalidad empezará a liberar una cantidad proporcionalmente mayor de viviendas vacías. Es difícil prever exactamente qué mecanismos económicos y demográficos de respuesta va a encontrar la nueva fase de "implosión" demográfica, que ya ha comenzado en otros países (P. Wallace, El seísmo demográfico, Siglo XXI, 2000): incremento de los flujos migratorios, nuevas reducciones en el número de personas por vivienda, mayor ampliación de la esperanza de vida, incremento de los metros cuadrados de vivienda por persona, etc. Pero es seguro que las tendencias no van a continuar como hasta ahora, e incluso es probable que haya cierto reflujo en las migraciones intrametropolitanas desde puntos de la corona dispersa hacia, otra vez, la ciudad central. Es en los centros urbanos donde la pirámide de población está más envejecida, y donde la alteración de la proporción entre los que buscan emanciparse y los que liberan viviendas va a invertirse más rápìda e intensamente (ver Tabla 4): Tabla 4
Podría ocurrir que una parte del parque de viviendas construido en la fase final de la "explosión metropolitana" acabe quedando ocioso en la fase posterior de "implosión" demográfica aguda. Pero sería aún más imperdonable que eso ocurriera con grandes y costosas infraestructuras de traída de aguas lejanas para unas necesidades supuestas que habrían dejado de existir. Barcelona, 2 de octubre del 2000. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||