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...y
un aguateniente.
La acumulación
de ganancias en algunas actividades ajenas a la agricultura, especialmente
la construcción y la especulación inmobiliaria, ha creado
una clase de nuevos empresarios que han sabido ver las grandes ventajas
de invertir en nuevas fincas de regadío. A su lado se encuentran
los nuevos empresarios agrícolas "hechos a sí mismos", que
en pocos años han pasado de manejar el tractor con sus manos a gestionar
centenares de hectáreas de modernos regadíos. Y por último,
junto a ellos, tenemos a una parte de la vieja oligarquía caciquil.
Estos sectores han sabido acaparar influencia en los organismos de decisión
en temas de agua, tanto públicos como privados (comunidades de regantes)
para constituirse en verdaderos arbitros de la gestión hídrica
en esta región. Entre subvenciones públicas a sus iniciativas
empresariales y la ausencia del más mínimo control administrativo
han llenado la región de regadíos ilegales, acaparado y controlado
derechos de aguas de regantes tradicionales, y establecido un complejo
y prospero mercado negro del agua.
Mientras las
explotaciones de los pequeños agricultores profesionales caminan
hacia la desaparición y se destruye nuestro tejido rural, los campos
se llenan de nuevas fincas de cultivos especulativos que compiten exitosamente
en los mercados internacionales de la comida basura a base de bajos precios,
mantenidas por trabajadores sin derechos (generalmente inmigrantes sin
papeles), que acaparan el grueso de las ayudas públicas al mundo
rural y que no están dispuestas a pagar el verdadero precio de los
recursos que consumen.
Desgraciadamente
la mayor parte de la sociedad murciana no ve sus actividades como un atentado
irresponsable e insolidario a nuestro entorno y a los derechos de los agricultores
tradicionales o profesionales. Algunos de ellos se cuentan entre los asesores
(informales) del gobierno regional y constituyen el principal grupo de
presión en temas de agua en esta región, siendo capaces de
movilizar a una gran parte de los agricultores a los que hacen competencia
desleal. Hoy roturan y crean nuevas fincas para blanquear dinero negro,
mañana esperan ser los que controlen el floreciente mercado del
agua que se avecina.
Con sus proclamas
tópicas y demagógicas sobre "el sufrido agricultor", "las
sedientas tierras levantinas", o "las miles de familias que tendrán
que emigrar si no se deshace el agravio histórico de la falta de
agua", esperan que el estado (o sea todos) les subvencionemos las obras
hidráulicas que necesitan para su negocios.
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