No es lo mismo
Agricultor tradicional en Cañada Hidalgo (huerta del Valle de Ricote, Abarán)Un huertano...

La existencia milenaria de regadíos en las vegas de los principales ríos de nuestra tierra ha generado una cultura del uso de los recursos hídricos, basada en la sostenibilidad, que permitía el aprovechamiento intensivo del suelo y originó el mito de "la huerta de Murcia". La explotación de estos territorios era llevada a cabo (al margen del régimen de tenencia de la tierra) por un tejido de miles de familias que vivían directamente de la agricultura. Los huertanos han sido y son los regantes tradicionales que se dedicaban a la agricultura como actividad principal, y que crearon un complejo sistema de gestión que, entre otras cosas, limitó la expansión de regadío y garantizó un reparto justo y equitativo del agua. 

El deterioro de los regadíos tradicionales, la competencia de la agricultura industrial y el proceso de urbanización acelarada de las últimas décadas han convertido al huertano (güertano) en una especie en vías de extinción, si bien el concepto permanece fuertemente arraigado en el sentir popular. En ese sentido podría decirse que los huertanos son ahora también los habitantes de las vegas del Segura (y otros ríos) que se identifican con las tradiciones, las costumbres, el paisaje y el patrimonio cultural y natural que nos han dejado más de mil años de convivencia respetuosa con nuestro medio.
 


 
Pequeños agricultores trabajan una parcela en la zona 3ª del Trasvase...un regante...

El crecimiento acelerado del regadío de la mano de la explotación masiva de las aguas subterráneas y la oferta de agua que representaba el Trasvase Tajo-Segura ha dado lugar a una clase de pequeños y medianos empresarios agrícolas que han desplazado el centro de gravedad de la agricultura murciana desde las vegas hacia los antiguos campos de secano.

Constituyen junto a los restos de los regadíos tradicionales, lo que podríamos denominar el "regadío social" porque están basados en economías a pequeña y mediana escala. Si embargo son numerosísimas las contradicciones de este colectivo, especilamente las relativas a sostenibilidad de su actividad, cuestionada por sus dificultades para competir en los grandes mercados o reciclarse a modos de agricultra más respetuosa con el medio ambiente y, sobre todo, por la incapacidad real para controlar el mercado del agua del que tanto dependen.
 


 
Entrada de Agua al embalse de La Pedrera (Alicante), una obra del post-trasvase Tajo Segura clave en la especulación del agua en nuestra cuenca...y un aguateniente.
 

La acumulación de ganancias en algunas actividades ajenas a la agricultura, especialmente la construcción y la especulación inmobiliaria, ha creado una clase de nuevos empresarios que han sabido ver las grandes ventajas de invertir en nuevas fincas de regadío. A su lado se encuentran los nuevos empresarios agrícolas "hechos a sí mismos", que en pocos años han pasado de manejar el tractor con sus manos a gestionar centenares de hectáreas de modernos regadíos. Y por último, junto a ellos, tenemos a una parte de la vieja oligarquía caciquil. Estos sectores han sabido acaparar influencia en los organismos de decisión en temas de agua, tanto públicos como privados (comunidades de regantes) para constituirse en verdaderos arbitros de la gestión hídrica en esta región. Entre subvenciones públicas a sus iniciativas empresariales y la ausencia del más mínimo control administrativo han llenado la región de regadíos ilegales, acaparado y controlado derechos de aguas de regantes tradicionales, y establecido un complejo y prospero mercado negro del agua. 

Mientras las explotaciones de los pequeños agricultores profesionales caminan hacia la desaparición y se destruye nuestro tejido rural, los campos se llenan de nuevas fincas de cultivos especulativos que compiten exitosamente en los mercados internacionales de la comida basura a base de bajos precios, mantenidas por trabajadores sin derechos (generalmente inmigrantes sin papeles), que acaparan el grueso de las ayudas públicas al mundo rural y que no están dispuestas a pagar el verdadero precio de los recursos que consumen. 

Desgraciadamente la mayor parte de la sociedad murciana no ve sus actividades como un atentado irresponsable e insolidario a nuestro entorno y a los derechos de los agricultores tradicionales o profesionales. Algunos de ellos se cuentan entre los asesores (informales) del gobierno regional y constituyen el principal grupo de presión en temas de agua en esta región, siendo capaces de movilizar a una gran parte de los agricultores a los que hacen competencia desleal. Hoy roturan y crean nuevas fincas para blanquear dinero negro, mañana esperan ser los que controlen el floreciente mercado del agua que se avecina.

Con sus proclamas tópicas y demagógicas sobre "el sufrido agricultor", "las sedientas tierras levantinas", o "las miles de familias que tendrán que emigrar si no se deshace el agravio histórico de la falta de agua", esperan que el estado (o sea todos) les subvencionemos las obras hidráulicas que necesitan para su negocios.
 

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