La Universidad
de Murcia advierte del peligro
Nuestras
aguas contienen sustancias carcinogenéticas
Murcia
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La contaminación del Segura trasciende al ser humano y genera riesgos para la salud pública según un informe del departamento de Ecología e Hidrología de la Universidad de Murcia. La presencia de níquel y cadmio, cuando la normativa vigente exige la total ausencia de estos metales, los parámetros de cromo, por encima del límite legal, y la existencia de organismos microbianos patógenos en las aguas del río, constituyen un peligro no sólo ambiental sino sanitario, según se desprende de los análisis aportados a la UMU por el departamento de Agroquímica y Bioquímica de la Universidad de Alicante y por la Universidad Miguel Hernández, a petición de la Plataforma Ciudadana Segura Limpio.
Es decir, la exposición al níquel y al cadmio aumenta el riesgo de padecer ciertos cánceres, la ingestión de este último produce trastornos diarréicos agudos, así como lesiones en el hígado, cerebro y riñones causando, además, problemas renales, elevando la presión sanguínea y destruyendo el tejido testicular y los glóbulos rojos. El cromo, procedente sobre todo de desechos industriales, como es el caso de las industrias de curtidos de la zona de Lorca, es cancerígeno en su forma Cr VI y los coliformes fecales son indicativos de una elevada contaminación orgánica y de la presencia de organismos patógenos.
Entre estos organismos se pueden encontrar las especies del género salmonella, que generan intoxicaciones alimentarias; del género shigella, un tipo de bacteria que provoca la disentería bacilar; del género escherichia coli, otra bacteria capaz de producir gastroenteritis agudas en niños e infecciones urinarias y una serie de virus entéricos, que dan lugar a enfermedades como la hepatitis o la polio.
Diversos informes vienen demostrando, desde hace tiempo, que los índices de contaminación del Segura superan las limitaciones establecidas reglamentariamente, tanto por el Real Decreto de Dominio Público Hidráulico como por el Plan Hidrológico de la Cuenca del Segura, elaborado por la Confederación Hidrográfica en julio de 1998. Sin embargo, las consecuencias perjudiciales para la salud (a corto, medio o largo plazo) que pudieran resultar de aquellos índices así como las medidas a tomar por la ciudadanía en caso de peligro sanitario, no se conocen, según expresa el informe de la Universidad de Murcia cuando afirma que ‘los problemas para la salud pública que pueden presentarse son reales, aunque no están suficientemente estudiados’.
La escasa información al respecto parece obviar que la contaminación del río por sustancias tóxicas, como plomo, cadmio, níquel, cromo o hierro ‘puede tener terribles consecuencias’, debido a que ‘éstas no sólo destruyen la vida en el momento en que se produce la llegada del agente, sino que se acumulan lentamente en los sedimentos y suelos de la llanura de inundación’. Del mismo modo, dicho estado de oscuridad olvida que ‘el ser humano no está exento de los peligros que se derivan del consumo del agua o de los alimentos que proceden de estos ríos y suelos contaminados’, tal y como subraya el informe de la UMU.
Junto a las implicaciones para la salud pública se observa que las aguas del río podrían no ser aptas ni para riego ni para usos industriales, en atención a los parámetros de sodio, magnesio, calcio, bicarbonatos, sulfatos, cloruros, sólidos disueltos y boro encontrados en el Segura.
En el caso del sodio, sus elevados índices afectan a la permeabilidad del suelo de regadío que acaba salinizándose, si es regado con dichas aguas debido a que son muy salinas. La presencia de magnesio, calcio y bicarbonatos inhibe la acción de los jabones y detergentes evitando la formación de espuma, lo que provoca una reducción de su capacidad limpiadora, contribuyendo a un mayor gasto de los mismos y aumentando la contaminación.
Otro problema para la industria, destaca el informe, es que las sales de calcio y magnesio disueltas en agua acaban depositándose sobre las superficies de algunos equipos industriales desencadenando su rotura. Igualmente, un contenido elevado de cloruro ‘puede dañar las conducciones y estructuras’, señala el estudio, destacando seguidamente los resultados obtenidos sobre dichos parámetros en la analítica, donde se demuestra que los sulfatos rebasan no sólo los límites máximos de la legislación sino también, en varios órdenes de magnitud, los valores recomendados para riego, ‘lo cual puede ser preocupante’.
En cuanto a los sólidos disueltos, con un valor medio, según los análisis, en torno a los 2000 mg/l, cuando el máximo permitido es de 120, ‘pueden inducir a una reacción fisiológica desfavorable en el consumidor ocasional’ y afectan a la potabilidad del agua.
Los valores de boro también superan tanto los máximos legales como los recomendados para riego, pudiendo afectar la ingestión de grandes cantidades del mismo al sistema nervioso central del ser humano y, en dosis menores, producir náuseas y calambres intestinales, incluso el síndrome clínico del borismo, en caso de un consumo prolongado. Este elemento puede aparecer naturalmente en el agua y es esencial para el crecimiento de las plantas, sin embargo, un contenido excesivo es perjudicial para determinados vegetales, a quienes les afecta una concentración de 1 mg/l, por ello, el resultado obtenido, dado que las muestras del río analizadas ofrecen unos parámetros de entre 1 y 2 mg/l, ‘puede ser alarmante y habría que hacer un seguimiento de este elemento’, concluye el informe.
Por último, los pesticidas y plaguicidas, que llegan al río mediante los excedentes de riego o por infiltración de los acuíferos, ‘pueden penetrar en el organismo por vía oral de forma accidental por ingestión de alimentos contaminados, como verduras, hortalizas o frutas regadas con aguas contaminadas’, dando lugar a gastroenteritis y ulceraciones en el tubo digestivo con el problema añadido de que sus efectos tóxicos aparecen de forma retardada.
Otro dato destacable es el considerable aumento en la contaminación del río tras su paso por el municipio de Murcia debido, fundamentalmente, a los aportes del Reguerón y a los vertidos no depurados procedentes de aguas residuales domésticas. El incremento de los parámetros analizados a la entrada al municipio -en la Contraparada- y a la salida es de un 700 % en el caso del amonio, de un 1.700 % en detergentes y del 74 % en coliformes fecales. Estos datos reflejan que el amonio supera en más de catorce veces los límites legales, los detergentes, un cincuenta por ciento y los coliformes fecales alcanzan las 750.000 unidades formadoras de colonias por cada 100 ml, cuando las aguas debieran estar exentas.
Bárbara Meca